Aproximación a la filosofía del Renacimiento

· Alberto Auné, filosofía
Autores

Alberto Auné

 

Dos importantes escuelas de pensamiento

En Occidente el Renacimiento recibe el pensamiento filosófico de la antigüedad en las dos grandes direcciones que la edad Media a su vez recibió y modificó en ciertos sentidos.

Debemos considerar que el resurgimiento de la escuela filosófica impulsada por Platón es una de las características del siglo XV, en el que la mayoría de los autores sitúa el principio del Renacimiento.

Las dos grandes direcciones filosófics mencionadasa fueron la platónica y la aristotélica, iniciadas por Platón y Aristóteles respectivamente.

Platón

El vasto pensamiento de Platón (428-347 a.C.), que abarca muchos campos, alcanza su máxima expresión en la exaltación de las Ideas, realidades permanentes y absolutas que no existen en este nuestro mundo mudable y relativo.

Las Ideas, para este filósofo, son entes universales, arquetipos eternos que existen por sí en el mundo suprasensible.

Cada Idea en una unidad indestructible, lo que no atenta contra la pluralidad de las Ideas.

Salvada esa pluralidad, las Ideas son inmóviles, inmutables, intemporales; sustentes y sustantivas, tienen consistencia en sí mismas: aunque no haya mente que las conciba, existen.

Las Ideas constituyen entonces paradigmas, arquetipos de las cosas sensibles. Preexisten a las cosas y no les afecta la mutabilidad del mundo sensible.

Hay una jerarquía de las Ideas, en cuya cúspide Platón coloca el Bien, que coincide con la belleza y da a las otras Ideas ser y verdad. También otorga al alma capacidad de conocer.

En cuanto a las cosas del mundo sensible, son mezcla de ser y no ser, ya que solamente son en cuanto participan de las Ideas: Sócrates es Sócrates porque participa de la Idea de Sócrates, y la Idea de Sócrates se halla «en comunidad» con la Idea de ser, de viviente, etcétera.

El alma está compuesta de tres partes: la razón o alma inteligible,  el ánima o alma irascible y el apetito o alma concupiscible.

El alma inteligible, hecha para la contemplación de las Ideas, no nace ni muere, sino que se une accidentalmente al cuerpo, al cual preexiste y sobrevive.

Platón admite la transmigración de las almas y, en expresión definitoria de su pensamiento al respecto, afirma: «El tiempo es la imagen móvil de la eternidad».

Aristóteles

Aristóteles (384-322 a.C.) se acomoda más a la realidad y explica las Ideas desde las cosas, revalorizando el mundo sensible.

Distingue tres formas de conocimiento: experiencia (conocimiento de las cosas concretas en sus concretas singularidades), ciencia (conocimiento de las cosas por sus causas y principios) e inteligencia (saber de los principios).

Las ciencias se clasifican en: teoréticas (física, matemática, metafísica), prácticas (ética, que incluye la monástica, la economía y la política) y poéticas (poesía y retórica).

Para la metafísica, Aristóteles concibió tres distinciones fundamentales: a) potencia (el no ser todavía) y acto (ser), de donde el movimiento es pasar de la potencia al acto; b) materia (pura posibilidad, potencia) y forma (actualidad del ser) y c) sustancia primera (el individuo) y segunda (lo universal).

Edad Media y pensamiento religioso

Durante la Edad Media el interés filosófico se desplaza hacia el orbe religioso.

Pese al relativo platonismo vigente en Agustín de Hipona (354-430), recibe, en sus más relevantes construcciones filosóficas, la influencia de Aristóteles, que recrearon Averroes (1126-1198) y otros pensadores árabes y que permitió a Tomás de Aquino (1224-1274) edificar las bases de sus obras Summa Theologiae y Summa contra Gentiles,  cumbres de la escolástica, filosofía que surge de la elaboración teológica y del cultivo de la dialéctica.

Evolución del pensamiento

El Renacimiento seculariza la filosofía, instaura la confianza en la razón e intenta renovar el conocimiento de los filósofos griegos respecto al doble tema de la naturaleza y el hombre.

Sin embargo, hay una gran dispersión doctrinal en el pensamiento moderno.

Durante gran parte del siglo XX hubo una diferenciación de las naciones europeas en cuanto a concepción del Estado, durante la existencia de la Unión Soviética, escindiendo el espíritu de Occidente y multiplicando los problemas de métodos y teorías.

Numerosos griegos llegaron a Italia desde Constantinopla tanto antes como después de 1453, cuando esta ciudad cae en poder de los turcos otomanos, acontecimiento que marca el final de la Edad Media en Europa, así como el fin del Imperio Romano de Oriente.

En su obra La cultura del Renacimiento, Jacob Burckhardt (1818-1897) traza el retrato clásico del «hombre renacentista».

Ese prototipo acusa siempre sensualismo, interés por la naturaleza, enraizamiento en lo terrenal, propensión a compenetrarse con el mundo ce las formas, individualismo, paganismo.

Dice Ernst Cassirer (1874-1945):

«La investigación empírica se lanzó a la busca y captura del ‘hombre del Renacimiento’ pintado por Burckhardt y no lo encontró por ninguna parte”.

El filósofo y escritor alemán Ernst Walter (1878-1929) dice:

“En el Renacimiento se mezclan la piedad y la impiedad, lo bueno y lo malo, el anhelo celestial y los placeres terrenales, lo mismo que en otros tiempos pero de un modo más complicado; la vida y los afanes del Renacimiento no pueden derivarse de un solo principio, del individualismo y el sensualismo, como tampoco puede reducirse a un principio único la tan decantada unidad de cultura de la Edad Media».

Tendencias filosóficas en el Renacimoiento

Podemos señalar como principales tendencias filosóficas del Renacimiento las siguientes: platonismo, aristotelismo, escepticismo, oportunismo político, cientificismo y Reforma religiosa.

El místico alemán Nicolás de Cusa (1401-1464), también llamado El Cusano, es el gran puente entre la filosofía medieval y la renacentista.

Llegó a ser nombrado cardenal y los temas principales de su especulación son: la docta ignorancia (nombre de su obra fundamental), Dios, el mundo y el hombre.

Admite e! conflicto entre la razón y el intelecto, pues aquélla trabaja con seres finitos y éste se halla iluminado por la Fe y tiene por objeto el Infinito, desconocido para la razón.

El conflicto se soluciona por el reconocimiento de nuestra “docta ignorancia”.

El principio de contradicción no existe para Dios y es sustituido por el de coincidencia de las contrarios.

Dios es el máximo, la plenitud por excelencia, a la que nada falta.

El mundo es una “explicación” o despliegue de Dios.

El hombre debe buscar el camino hacia lo absoluto, camino que pasa por Cristo.

El individuo es como el microcosmos frente al macrocosmos. En él se encierran creatividad libertad y espontaneidad y en virtud de ella se hace un sujeto sustancial con individualidad única e independiente, un auténtico mundo en pequeño.

No hay mucho renacimiento platónico es la Florencia de los Médici. Hacia 1440 nace allí la renombrada Academia Platónica, que aspiraba a una síntesis de Grecia y cristianismo, con el tono definidor de un paganismo renacido.

El filósofo y humanista bizantino Jorge Gemisto Pletón (1355-1450) y el cardenal Basilio Besarión (1403-1472) impulsaron la Academia Florentina. Empero, su mayor esplendor lo alcanzó bajo la dirección del sacerdote y filósofo Marsilio Ficino (1433-1499), traductor de Platón, Plotino, Proclo, Jámblico y los libros atribuidos a Hermes Trimegisto.

Tiene gran importancia su Theologia Platonica de inmortalitate animarum, publicada en 1474, intento de armonización en el sentido ya señalado.

El genuino platonismo se mezcla en su obra con anhelos místicos de unidad y un sentimiento religioso al estilo del neoplatonismo.

El humanista y pensador italiano Giovanni Pico della Mirándola  (1463-1494), uno de los grandes ingenios de todos las tiempos, también perteneció a la Academia: apuntó hacia una religión universal de carácter humanista en su escrito De dignitate hominis, donde ve la esencia y grandeza del hombre en su capacidad para una ilimitada metamorfosis; el esfuerzo del hombre es lo infinito.

Importan ya menos las eternas e inmutables verdades que la del infinito dinamismo.

La infinitud, otrora atributo exclusivo de la divinidad, se transporta ahora al hombre.

Pico della Mirandola también estudió la Cábala, haciéndolo desde una perspectiva cristiana.

Algo posterior es la obra del religioso, filósofo, astrónomo y poeta italiano Giordano Bruno (1548-1600), quien, acusado de herejía, murió en la hoguera.

Sin ser un investigador científico, conocedor de la revolución copernicana, creó el cuadro en el que organizará sus conocimientos la física moderna.

Allí expone que el mundo no es ya la copia de Dios, sino que ocupa el lugar de Dios (panteísmo).

La naturaleza misma es para él el más glorioso Dios y sólo la plebe indocta cree en la oposición entre un Dios del más allá y el mundo de acá.

Todos las cuerpos del cosmos están como suspendidos, sostenidos en equilibrio por su propio peso, en el infinito campo de fuerza del espacio etéreo.

Para Cusa la ilimitación del mundo fue un canto de alabanza al Creador, mientras que para Bruno es el nuevo dios, el dios de una fe y de una piedad cósmicas.

La sustancia única del mundo se particulariza, se circunstancializa en una multitud infinita de individuos invisibles e imperecederos. Cada uno de ellos es una mónada.

Lo más pequeño contiene en sí lo más grande, como anticipándolo.

Pensamiento filosófico y modernidad

Hay un claro anticipo de la obra de dos grandes pensadores posteriores: el holandés Baruch Spinoza (1632-1677) y el alemán Gottfried Leibniz (1646-1716).

A pesar del auge de las doctrinas platónicas, no escasearon las estudios aristotélicos, cuyes sostenedores se dividieron entre les seguidores del averroísmo latino, principalmente fuertes en Papua, como Pietro Pomponazzi (1462-1525) y que no aceptaban la inmortalidad personal del alma y los del filósofo aristotélico Alejandro de Afrodisia, quien vivió entre los siglos II y III, también de posición anticristiana.

El aristotelismo cristiano tuvo algunos defensores, como el traductor de obras de filosofía griega Teodoro Gaza (1411-1475).

También resurgieron las escuelas morales de la antigüedad, en particular las del escepticismo y del epicureísmo.

Mayor importancia tuvieron los representantes de aquélla, cuyos más ilustres representantes fueron dos franceses, Miguel de Montaigne (1533-1592) y Pierre Charron (1541-1603) y un español, Francisco Sánchez (1551-1623), apodado “el Escéptico”.

Montaigne es uno de los mayores escritores franceses, que a través de sus Ensayos cala profundamente en la naturaleza humana.

Piensa que la mayor peste del hombre es creer que ruede darse un verdadero saber. Todos los conatos de comprender a Dios con nuestro entendimiento limitado, son fallidos.

Los últimos fundamentos sobre los que descansa nuestro entendimiento son inseguros.

El saber no es lo último y decisivo, sino el hecho moral.

No es el menor acicate para la empresa del hombre en el mundo el saber morir.

A través de su conciencia moral el hombre, quien se hallaba sumido en una inseguridad general, recobra une existencia independiente y segura.

El estoicismo de Montaigne prefigura de alguna manera el existencialismo del siglo XX.

El resurgimiento de los estudios platónicos, entre ellos el de la obra La República, influye profundamente en los hombrea políticos, en los hombres de acción y también en aquellos que formulan doctrinas para el buen gobierno.

Entre los primeros está Nicolás Maquiavelo (1469-1527) para quien el núcleo de la sabiduría estatal se encuentra en un realismo político, que pone por base del obrar político no lo que debe ser, sino lo que es, lo real y efectivo, constituyendo el realismo:

“En efecto, el hombre que quiere en todo hacer profesión de bueno, no ha de arruinarse entre tantos que no lo son”.

El Príncipe es su gran obra, con su famoso principio «El fin justifica las medios», muchas veces tergiversado a la luz del pensamiento total de Maquiavelo.

El pensador y escritor francés Jean Bodin (1529-1596) es el clásico de la idea no depender de ningún otro poder igual o superior.

Por el contrario, el británico Tomás Moro (1478-1535), el noble canciller enjuiciado y condenado a muerte por orden del rey Enrique VIII, representa en su obra Utopía un punto de vista de mayor idealismo.

Maquiavelo es empirista y en ese sentido también más moderno; Moro es un espíritu más dilatado. Para él Logos e Idea son herencias de Heráclito y Platón.

Otro doctrinario eminente fue el monje dominico italiano Tomás Campanella (1568-1639), quien pasó treinta años en prisión a causa de sus ideas.

En su tratado utópico La ciudad del Sol describe una comunidad social extremadamente uniformada, con exclusión de toda individualidad; no hay morada propia ni propiedad.

Distingue tres clases sociales que se dedican, respectivamente, a la ciencia, a la guerra y a la producción.

Sus virtudes respectivas son la sabiduría, la fortaleza y la templanza.

La ciudad está regida por un filósofo, ayudado por miembros de las clases citadas y todo pertenece a la comunidad.

Otro doctrinario político fue el jurista y escritor holandés Hugo Grocio o Hugo Grotius (1583-1645), quien tuvo gran importancia en el surgimiento del moderno Derecho de Gentes o Derecho Internacional Público.

El auténtico hecho revolucionario de la época del Renacimiento en la historia de la filosofía es el nuevo concepto de ciencia creado por los fundadores de la física moderna, especialmente el astrónomo, físico, matemático y filósofo italiano Galileo Galilei (1564-1642).

Se llega así a una nueva concepción del hombre y del cosmos, que confluye en una visión mecanicista del mundo.

El astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1610) descubrió las tres leyes del movimiento de los planetas:

1)  El camino recorrido por un planeta es una elipse, uno de cuyos centros es el Sol;

2)  En el movimiento alrededor el Sol, el radio vector de un planeta cubre en tiempos iguales superficies igualas;

3)  Los cuadrados de los tiempos en el recorrido de los planetas se relacionan entre sí corno los cubos de sus distancias medias respecto del Sol.

Kepler llega a sus resultados con ayuda de un procedimiento inductivo y de cálculo, que estudiaba los fenómenos en sus puros aspectos mecánico y dinámico.

Con ello adoptaba una actitud opuesta al método aristotélico, en el sentido de que no era ya para él lo primero o esencial de las cosas, para desde allí entender después los accidentes.

Lo primero es más bien el acaecer inmediato y exclusivamente el accidere.

Galileo Galilei (1564-1642) se ha hecho célebre por su demostración práctica del sistema cósmico copernicano.

Además alcanzó reconocimiento por su Ley de las Inercias, según la cual “todo cuerpo permanece en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme en tanto no obran sobre él fuerzas extrañas”.

Enunció la Ley de la Caída: “En la caída libre de los cuerpos el espacio recorrido crece con el cuadrado del tiempo de caída”.

Empleó el método de la inducción, lo que también fue revolucionario para el momento histórico en que vivió.

El choque con el espíritu de la época se produjo con violencia y Galileo can su temperamento vehemente lo agudizó no poco, pero sus irreductibles adversarios demostraron rigidez y unilateralidad.

El físico, filósofo, inventor y teólogo inglés Isaac Newton (1642-1727) construyó, sobre la base de la Ley de la Caída enunciada por Galileo, su teoría de la gravitación y su doctrina sobre las órbitas de los planetas.

Con ello alcanza su pleno desarrollo un sistema cerrado de la mecánica que la Edad Moderna consideró la única manera de ver la naturaleza.

El filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804) hizo suyo este concepto, tomándolo como punto de partida para su concepción del mundo físico.

A partir de entonces prevalece una consideración cuantitativo-mecanicista de la naturaleza, apoyada en un nuevo método: la inducción, y un nuevo campo de la ciencia, el reino de los fenómenos y de los procesos naturales, y un nuevo campo de la ciencia: el reino de los fenómenos y de los procesos naturales, y un nuevo concepto del ser: el concepto dinámico-causal, que prevalecerá sobre la esencia.

A las circunstanciales formas de irreligiosidad, simples resultados del excesivo celo por la exaltación del hombre y la naturaleza, sostenidos por algunos humanistas y renacentistas europeos, vino a unirse la rebelión protestante contra la Iglesia Católica, concretada en la Reforma.

El alemán Martïn Lutero (1483-1546), el mayor de los reformadores, fue antiaristotélico, mientras que el francés Juan Calvino (1509-1564) y el suizo Huldrych Zwinglio (1484-1531) se inclinaron hacia el platonismo. Alberto Auné

 

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