Pedro Figari: pintor de la realidad y ejemplo de vida y valores

· Alberto Auné, arte, Uruguay
Autores

Pedro Figari: Tertulia. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

Pedro Figari: Confidencia (1921). (Fuente: http://www.wikimedia.org)

Pedro Figari: Baile en el rancho. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

Alberto Auné

Los años fueron propicios a la constante valorización de la obra pictórica de este singular abogado uruguayo que obtuvo reconocimiento no a través de su actividad como letrado sino como artista y escritor.

Facetas de un carácter que no se rindió ante dificultades

Pedro Figari nació en Montevideo, República Oriental del Uruguay, el 20 de junio de 1861.
Estudió Derecho y una vez recibido de abogado en 1886 tuvo una importante labor profesional, con actividades destacadas como su impulso a la abolición de la pena de muerte en su país, lo cual hizo sumando a su actividad como letrado su ejercicio del periodismo.
Además fue diputado por el Partido Colorado entre 1896 y 1903; integró el Consejo de Estado y presidió el Ateneo de Montevideo. Este lugar, fundado en 1886 y ubicado en el centro de Montevideo, busca, según sus Estatutos, “servir, en un ambiente de absoluta libertad de espíritu, el desarrollo de la cultura”. Entre los pintores que tuvieron su taller allí está Joaquín Torres García (1874-1949).

Arte, educación y creación literaria

Una de sus preocupaciones principales fue la enseñanza artística del momento, que él consideraba inadecuada. Luego de presentar un proyecto referido a la reforma de la misma, fue nombrado director de la Escuela de Artes y Oficios en 1915, cargo que ejerce hasta 1917.
También dio a conocer su pensamiento como escritor, publicando en 1912 su libro Arte, Estética, Ideal.
Sus avanzadas ideas sobre la educación que debía implantarse en esta institución lo vincularon al movimiento inglés Arts and Crafts.
No se quedó en la clásica bohemia sino que planteo que se formaran artesanos-artistas, con una presencia de pensamiento respecto a la creación. Además, impulsó en los talleres varios tipos de actividad, agregando disciplinas que no tenían docencia muy extendida, como la mimbrería.
Buscó que los nuevos tipos de diseño rescaten dibujos sobre flora y la fauna nativas.
Empero, no recibió el apoyo que esperaba para estas y otras iniciativas, lo que lo llevó a decidir después de dos años su renuncia al cargo.


El arte, luz que llena una vida

Figari fue un artista que entró a esta actividad en su madurez, ya que su primera exposición se celebró en Buenos Aires en 1921, ciudad en la que vivió desde entonces hasta 1924.
En 1917 había tomado la decisión de dejar toda actividad que no fuera la pintura, a la que quiso dedicar, y lo hizo con éxito, su etapa de madurez.
Esa exposición no obtuvo buena crítica ya que en el medio artístico de entonces no se encontraba todavía preparado para algunas innovaciones interpretadas como poco académicas.
Con más de seis décadas de vida se trasladó a Paris en 1925, permaneciendo allí ocho años, volviendo luego a su ciudad natal, donde fallecíó el 24 de julio de 1938.
Después de 1921 la sociedad conoció sus cuadros pequeños, que eran pintados sobre cartones, con técnica expresionista, delicado colorido.
En ellos están vivas las escenas de salones, patios y calles de su tierra, temática que lo acompañó desde Mercado viejo, obra de 1909.
Tertulia, bailes, entierros, canciones, fueron los temas de sus obras, que en un primer momento no tuvieron el éxito merecido pero con el tiempo llego una merecida consagración que lo colocó junto a los muralistas mexicanos, Emilio Pettoruti (1892-1971), el chileno Roberto Sebastián Antonio Matta Echaurren (1911-2002) y otros artistas de América.
Al igual que el escritor argentino Macedonio Fernández (1874-1952) y otros pensadores, artistas y profesionales, pasó gran parte de su vida sin haberse dedicado en plenitud a la actividad que le daría reconocimiento público y consagración.
Esta experiencia personal de Figari, unida a otras que vivieron personas de talento, nos muestra que todo llega en su momento, ya que si antes se hubieran dedicado a la actividad que les diera una plena realización lo hubieran hecho sin la experiencia necesaria para obtener tan importante logro y los resultados no hubieran sido los que después llegaron.

El crítico, escritor, traductor y fotógrafo francés Georges Pillement (1898-1984) sostuvo: “América despierta al arte con Figari”.
Su biógrafo, el arquitecto Carlos Herrera Mac Lean, afirma:

“Su obra es obra de arte, no por la anécdota pegada a sus cartones, sino por el poderoso influjo de sus colores en las más ricas y suntuosas gamas que puedan imaginarse. La luz, sentida a la manera de Figari, es el agente permanente que denuncia la calidad inmutable de la cosa: verde del árbol, roja de la falda, blanco del duro encalado. Su luz es una luz real dentro del cuadro, bañado en esa atmósfera poética que sabían crear sus ojos”.

Figari fue también un destacado escritor. En París figuras como el filósofo francés Desiré Roustan (1873-1941) y el novelista, también galo, Francis de Miomandre (1880-1959) comentaron sus ideas y opiniones, de tendencia evolucionista, sosteniendo que el hombre tiene, con la conciencia, la posibilidad de realizar en forma superior la conservación y defensa del individuo.
El investigador y crítico Oscar Félix Haedo, autor del libro XVIII plásticos uruguayos (1920-1945), sostuvo sobre este artista:

“Fue también el primer pintor que dio entrada en su obra al negro, rudo integrante de la sociedad oriental que, hasta entonces, había visto postergada su interpretación por los artistas locales con la necesaria seriedad y despojados ya de prejuicios superados definitivamente”.

Un pincel universal

Pedro Figari supo transmitir en su pintura la vida del ser humano, excediendo lo local para tener carácter universal. Su apogeo artístico llegó en la madurez de su vida, coronando con éxito una fructífera existencia.
Un ejemplo a seguir para quienes con el paso de los años se rinden ante las dificultades, creyendo que la esperanza y la expectativa de nuevos proyectos han concluido.
Nunca es tarde para crear y Figari es un claro ejemplo de ello. Sigamos como él buscando las nuevas posibilidades que nos da la vida.
Todos tenemos dentro de nosotros a quien siempre quisimos ser. No dejemos que duerma; démosle la existencia que está esperando y tendremos una vida plena y en este gran artista tenemos un faro que alumbra el camino a seguir. Alberto Auné

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