El legado cultural de la alfarería en América del Sur

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Alfarería de La Aguada, Museo de La Plata, Argentina. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

Alberto Auné

Las artesanías destacan la función social del arte, al que se suma el aporte personal de quienes en ellas trabajan y su importante rol en la defensa y mantenimiento de la tradición y herencia cultural de un país, a lo que se suma el desarrollo económico y el aumento de posibilidades laborales.
El académico, investigador, docente y experto en folklore argentino Augusto Raúl Cortázar (1910-1974), escribió al respecto:

«Son actividades, destrezas o técnicas empíricas practicadas tradicionalmente por el ‘pueblo’ mediante las cuales, con intención y elementos ‘artísticos’ se crean o producen objetos destinados a cumplir una ‘función’ utilitaria cualquiera, realizando una labor ‘manual’ (aunque ayudada o complementada por herramientas o máquinas) individualmente o en grupos reducidos, por lo común familiares, e infundiendo en los productos ‘carácter’ o ‘estilo’ típicos, generalmente concordes con los predominantes en la ‘cultura tradicional’ de la comunidad».

La alfarería tiene especiales características en cada uno de los países de Sudamérica, entre las que podemos señalar las siguientes:

Argentina:

El alfarero mantiene la tradición de su trabajo, mezclando la arcilla con agua y material antiplástico, proceso que evita que la pieza tenga alguna rajadura durante su exposición al fuego en la cocción.
Para ello se efectúa este trabajo colocando la pieza en hoyos al aire libre o con el sistema llamado “de fuego abierto”, alternativo al uso se hornos.
Una técnica muy extendida es la llamada “de rodete» o «chorizo», en la cual la superposición en espiral forma las paredes de la pieza.
El artesano trabaja con sus manos y herramientas simples, como cucharas.
Las principales regiones alfareras son los Valles Calchaquíes, la Quebrada de Humahuaca y otras zonas jujeñas.
En estas zonas las artesanías son producidas por mujeres.
En la Achala, en la provincia de Córdoba, se produce la llamada alfarería negra, que se obtiene por el método corriente del ahumado, durante o después de la cocción, con agregados orgánicos.
Este estilo artístico se muestra en la producción de artesanías con figuras de animales, jarras, pavas, calderas, ollas o braseros.
La alfarería es una de las técnicas que cuenta con menor proporción de artesanos que la practican. La arcilla usada para la producción alfarera se obtiene en las inmediaciones del sitio de residencia de los artesanos.
En Neuquén los productos de esta disciplina eran usados en reuniones sociales y protocolos rituales.
A principios del siglo XXI hubo una variedad de firmas y diseños, con la recreación de la tradición mapuche.
Sigue con leves variantes la técnica usada en tiempos precolombinos, levantando una espiral desde la base, con paredes alisadas por dentro y fuera con las manos o trozos de madera u otro material.
Los productos mapuches más frecuentes son metahues y quintahues.

Bolivia:

En este país hay numerosos yacimientos arcillosos, que permiten a los alfareros vivir en sus cercanías, lejos de las ciudades.
La producción de esta alfarería es de objetos de uso doméstico, incluyendo elementos para la elaboración de chicha, bebida típica a base de maíz fermentado, incluyendo jarras para bebida, con una ornamentación que tiene variaciones regionales.
Por ejemplo, en Tarija la decoración es típicamente regional y en la zona oriental de Cotoca los colores de las jarras son el rojo y el blanco.
En Beni se producen piezas ornitomorfas que imitan el «pío» o ñandú.
Por su parte, en el Pilcomayo se fabrican vasijas de cintura, jarras globulares con una hendidura en el centro para la cuerda con que se la cuelgan a la espalda para el transporte de agua.
Las tinajas son fabricadas en las zonas rurales con la técnica denominada de “rollos y planchas”. En este caso se usa combustible vegetal con una temperatura cercana a los 900 grados centígrados.
Un antecedente de esta técnica es la alfarería precolombina tihuanacota.
Destacamos el valor de la cerámica en las cultura aymara y quechua, pasando de colores ocres a esmaltes brillantes.
En varias comunidades se trabaja de manera tradicional, con bosta de llama o vaca cocida en hornos eléctricos, lo cual garantiza una alta temperatura.
Además, el uso de pintura al frio acrílica y esmaltes permitió la creación de piezas que se integraron al patrimonio cultural, como el “tilincho”, creado por el artista Ronald Roa, pequeña figura humana que representa variados modelos de personas con identidad de esta nación.
En los trabajos de cerámica tiwanacota las piezas son más grandes, con figuras de animales como puma y cóndor.

Colombia:

Un lugar de gran desarrollo de la alfarería durante varios siglos en este país es la zona de Ráquira, al oeste de Tunja, en la cordillera oriental de los Andes.
Allí, los artesanos elaboraban vasijas y otros utensilios de uso doméstico, además de piezas ceremoniales.
Ráquira, palabra que en lengua chibcha significa Ciudad de las Ollas, es un municipio colombiano especializado en cerámica artesanal, en el Departamento de Boyacá, al cual llegaron los conquistadores españoles en 1537.
Al ver la gran variedad de utensilios elaborados en cerámica y una extraordinaria habilidad manual de los indígenas, le dieron el nombre de Pueblo de olleros.
En la producción de cerámica se usan varios tipos de arcilla: la arcilla negra, con carbón; arcilla blanca, arcilla amarilla y arcilla roja con óxido de hierro.
Otros materiales que se usan son arena extraída de los ríos y quebradas de la región y carbón mineral, proveniente de las minas de Guachetá.
Ráquira está considerada la capital artesanal de Colombia.
Otro lugar con un gran desarrollo artesanal en alfarería es La Chamba, lugar cuya vida tiene como objeto la cerámica, en cuya elaboración participan hombres, mujeres y niños.
En este lugar la producción comprende tres clases de cerámica: la rustica o más económica, la de color rojo vivo o rojo indio, sin el ahumado y la negra, con el ahumado.

Chile

En este país son conocidas y admiradas las cerámicas negras de Pomaire y Quinchamalí.
Las mujeres, cultoras de este arte, elaboran modelos, como gallos, mujeres con niño, guitarreros.
Muchas de las piezas son alcancías.
Las piezas se cuecen sin horno y el rayado se rellena con arcilla de color blanco.
La cerámica de San Pedro de Atacama tiene los estilos de alfarería roja pulida y negra pulida, que recibió influencias del Tiwanaku o Tiwanacu, varios siglos antes de nuestra era.
La cerámica diaguita es antropomorfa y zoomorfa.
La cerámica Aconcagua, que se origina en la zona central del país, tiene un dibujo que la diferencia de otras: el trinaquio, forma decorativa a base de pinturas de arcos.
Los mapuches modelan cacharros llamados metawes.
Los primeros objetos de alfarería en Chile son de tipo funerario.

Ecuador

Los centros tradicionales de alfarería más importantes en este país están ubicados en las provincias de Cotopaxi (E1 Tejar, La Victoria), Azuay (Cuenca, la Capital, San Miguel de Porotos, Chordeleg) y Pastaza, en el Oriente.
La cerámica de Chordeleg es una de las más conocidas, ya que comprende la producción, entre otros productos, de ollas, cazuelas, recipientes para ají y cafeteras.
La técnica de producción es de torno, vidriada, con decoración por incisión, con figuras modeladas a mano y diseños pintados de frutas, flores, hojas y guardas en colores azul, verde, amarillo, morado y negro.
Este trabajo está a cargo de hombres, con la ayuda de mujeres, mientras en otras zonas de Ecuador las mujeres tienen a su cargo la producción.

Paraguay

En este país una de las alfarerías más conocidas es la figura de gallinas de la suerte (en guaraní pichaí), con diferentes tamaños y un plumaje en relieve obtenido mediante la aplicación a mano de pequeñas plumas de barro.
También se producen figuras de barro ennegrecido que representan escenas de la vida cotidiana.

Perú

La producción alfarera peruana se desarrolla en zonas como los Departamentos de Piura, Lambayeque, Ica, Cajamarca, Cuzco, Puno, Loreto, Amazonas y Madre de Dios, con diferentes técnicas según sean zonas serranas o selváticas.
Son variados los sistemas de cocción.
Uno de los centros alfareros más importantes es Ayacucho, con figuras de campesinos, iglesias de todos los tamaños de una o dos torres y juguetes, entre otros productos.
Algunos ejemplos de producción regional son los toros de Santiago de Pupuja y las jarras de Puno.


Uruguay

Una zona alfarera muy importante es Treinta y Tres, donde se producen vasijas zoomorfas. Esta disciplina, denominada artística o artesanal, produce piezas únicas, a diferencia de la de producción de gran cantidad de piezas similares.
Los primeros alfareros llegaron a ese país a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, con las corrientes inmigratorias que también llegaron a Buenos Aires (Argentina). Alberto Auné

Bibliografia:

Pasafari, Clara: Artesanía y cultura nacional, Santa Fe, 1975.

Fondo Nacional de las Artes: Catálogo de artesanías argentinas, Buenos Aires, 1968.

Arte Popular de América, Editorial Pluma, Barcelona, 1981.

En internet:

Artesanías Neuquinas, web del Estado de la Provincia de Neuquén: http://www.artesaniasneuquinas.com.

Ayni Bolivia, web sobre alfarería en Bolivia: http://www.aynibolivia.com.

Colombia Travel, Guía Oficial de Turismo de ese país: http://www.colombiatravel/es.

Portal del Arte, Chile: http://www.portaldearte.cl.

Proyecto Educativo Ceibal, de Uruguay: http://www.ceibal.edu.uy .

 

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