Cine: Grissinopoli, ejemplo de trabajadores que supieron luchar

Autores

Alberto Auné

Un testimonio de trabajadores que no se rindieron ante la adversidad.

La crisis argentina de 2001/2 llevó a que establecimientos fabriles cayeran en quiebra. Algunos pudieron recuperarse gracias a la lucha de sus obreros y empleados; esta empresa es una de ellos.

Ficha Técnica: Nombre original: Grissinopoli – País: Argentina – Año: 2004 (estrenada el 4 de agosto de 2005) – Gènero: Documental, Testimonial – Duración: 81 minutos – Dirección: Darío Doria – Guión: Luis Camardella – Producción: Luis Camardella y Darío Doria – Productor asociado: Naomi Massard – Fotografía: Darío Doria – Montaje: Darío Doria – Música: Martín de Aguirre y Sebastián Ruiz – Sonido: Martín de Aguirre y Sebastián Ruiz – Premios: entre otros, Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Nyon; Vision du Réel, Suiza 2004 y Premio al Mejor Documental Latinoamericano en Barcelona, España, 2004.

1. El País de los Grisines

Este es el origen del nombre de la película, que narra la lucha de los trabajadores de una fábrica que sólo buscan dignidad en sus vidas, habiendo enfrentado graves problemas en lo económico y lo laboral en la Argentina destruida por la crisis de fin de 2001 y principios de 2002.
La fábrica había sido fundada por un empresario de origen italiano que importó a la Argentina una línea automática de producción de grisines que le permite alcanzar una producción de siete toneladas diarias.
Después vende la empresa, la cal pasa por distintas dificultades en el transcurrir de los años, con lo que de cien trabajadores que se desempeñaan en ella en 1970 sólo quedan 20 en la década del ’90.
Las deudas llevan a pedidos de quiebra y el abandono de los trabajadores, a los que se les deben nueve meses de salario, quienes deciden luchar para mantener su dignidad laboral, sin rendirse ante la adversidad.
La epopeya de estos trabajadores, que fundan la Cooperativa La Nueva Esperanza, es narrada en la película, en la que podemos ver testimonios que nos ayudan a comprender no sólo la situación por la que pasaba Ärgentina en los albores del siglo XXI sino también lo que puede lograr la voluntad de trabajadores cuando tienen como objetivo defender y conservar una fuente de trabajo que de perderse perjudicaría a ellos sus familias y a la sociedad.

2. El lugar de la historia

Para comprender esta película es necesario dejar de pensar en una sala de cine y caminar por el barrio de Chacarita, en la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina. Quienes conozcan la zona se ubicarán en una forma explicativa que no está en los mapas interactivos de google.
Si subimos por Dorrego desde Plaza Los Andes, una cuadra antes de Córdoba doblamos en la calle Charlone y a media cuadra encontramos la Cooperativa La Nueva Esperanza, de los trabajadores de Grissinopoli.
Este local pertenecía anteriormente a la firma Grisines Savio, de larga historia en el barrio. Una casa grande, vieja, que en su momento tenía gran producción de este alimento, hasta que se declaró en concurso en el año 2000.

3. La historia del lugar

Grisines Savio tenía gran participación en el mercado, pero como a tantas empresas el uno a uno en la relación peso/dólar durante la época de la convertibilidad en la década del ’90 del siglo pasado la fue erosionando, ya que era más barato importar.
Varias décadas de trabajo quedaron entonces tiradas por la borda… y la gente que trabajaba en la empresa se resistió al cierre, organizándose en cooperativa.
Esta forma jurídica le permitió seguir con la actividad, ahora en manos de los trabajadores.

4. Cesión de esperanzas

Dos años después la situación se normalizó, volviendo a la operatoria; la fábrica fue cedida en comodato a quienes allí trabajan por la Legislatura porteña, que había expropiado el inmueble.
Esta es una más de las fábricas recuperadas en los últimos años. Su proceso no tuvo tanta difusión como otros casos (Zanón, Brukman), quizás por ser menos gente y estar en un lugar que no es avenida, lo que lo hace menos visible.
Sin embargo, la falta de difusión no quebró la voluntad de los trabajadores; les dio más fuerza y decisión para que no decaiga la actividad a pesar de las graves dificultades por las que pasaron

5. No sólo ver sino también debatir

Además de algunas funciones en cine cuando se estrenara, la película se ofreció en exhibiciones en la sede de la cooperativa, a las que sigue un debate.
Estas funciones, organizadas por Grupo de Cine y Foto Ojo Obrero, generaban un profundo y entusiasta intercambio de ideas, con gran cantidad de participantes, recordando lo que ocurría en la década del ’70 en las reuniones clandestinas en que Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino exhibían y planteaban para debate su producción La Hora de los Hornos, que a través del grupo Cine Liberación planteaba una nueva forma de hacer cine como hecho político.

6. Héroes de una historia especial

Hay dos protagonistas principales, Norma e Ivana, que cuentan la historia de la toma de la fábrica, que es más o menos lo antedicho.
Se nota la pertinaz oposición a lo antedicho, tanto de funcionarios como de jueces y políticos. Todo eso se narra y se muestra cómo salieron adelante.
El triunfo llega, y como dicen quienes sostienen una idea sin decaer, la única lucha que se pierde es la que se abandona; en Grissinopoli no se abandonó el combate y los resultados están a la vista.

7. Si vives en Buenos Aires o pasas por allí puedes revivir la película

Grissinopoli está hecha con limitaciones técnicas, ya que sus productores no contaban con grandes recursos; sin embargo, transmite un mensaje que vale la pena escuchar.
Además, si nos acercamos a ese lugar, podremos conversar con gente que la protagonizó y trabaja en la fábrica.
De la misma forma que en la película de Woody Allen La Rosa Púrpura de El Cairo, aunque en una escenografía más modesta, los protagonistas parecen salir de la pantalla y hablan con nosotros.
Por eso, si en alguna oportunidad recorremos el Barrio de Chacarita, en la ciudad de Buenos Aires, cerca de Parque Los Andes, caminemos unas cuadras por Dorrego hacia Córdoba.
Al doblar por Charlone, en la vereda con numeración de 0 a 100, en una calle típica de barrio, encontraremos algo que vale la pena conocer. El celuloide o el video se hará realidad y comprenderemos que el buen cine no sólo se hace en grandes estudios con famosos directores. Alberto Auné

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