5 de abril de 1818: Batalla de Maipú, afianzamiento de la Independencia en Argentina y Chile

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El Abrazo de Maipú, cuadro de Pedro Subercaseaux. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

Batalla de Maipú, óleo de Mauricio Rugendas. Foto de Osmar Valdebenito. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

Alberto Auné

El 5 de abril de cada año se conmemora una de las acciones bélicas más importantes para la causa de la emancipación americana: la Batalla de Maipú.

En la llanura de Maipú, o Maipo para autores chilenos, al sur de la que sería la capital de la hoy República de Chile, Santiago,, se reunieron el 5 de abril de 1818 los ejércitos de los generales José de San Martín (1778-1859) y Bernardo O’Higgins (1778-1842), libertadores de Argentina y Chile el primero y de Chile el segundo, repuestos de la sorpresa de Cancha Rayada, derrota que el 19 de marzo de ese año había pues­to en serio peligro los proyectos libertadores.

La víspera de la batalla los ejércitos enemigos ya estaban a la vista. Las fuerzas realistas tenían por comandante al general español Mariano Osorio (1777-1819), yerno del virrey Joaquín de la Pezuela (1761-1830). Ambos ejércitos contaban con unos cinco mil hombres cada uno.

La batalla duró tres horas. El ataque de la artillería, comandada por el militar chileno José Manuel Borgoño (1792-1848), y el buen manejo que hizo San Martín de la reserva, debilitaron de forma absoluta a los realistas y Osorio ordenó la retirada.

Empero, su lugarteniente José Ordóñez resolvió resistir y se parapetó en la hacienda conocida como Casas de Lo Espejo.

Fue entonces cuando se produjo el célebre encuentro en­tre San Martín y O’Higgins, inmortalizado por el pintor chileno Pedro Subercaseaux (1880-1956), en el que este último, que llegaba con un brazo en cabestrillo debido a una herida sufrida en Cancha Rayada, exclamó:

-¡Gloria al salvador de Chile!

-General –respondió San Martín- ¡Jamás Chile olvidará el sacrificio que hace usted, presentándose herido en el campo de batalla!

El ataque contra las posiciones de Ordóñez resultó exitoso después de una cruenta lucha.

De las fuerzas españoles sólo escaparon 700 hombres, al mando de José Ramón Rodil y Gayoso (o Galloso), futuro defensor de El Callao.

En Europa, esta victoria fue vista como el anuncio claro del triunfo de la emancipación americana.

San Martín fue luego recibido en Buenos Aires como héroe y el Congreso le tributó honores. Pero no logró de inmediato su propósito, que era obtener 500.000 pesos para armar rápidamente la expedición hacia el Perú.

Desanimado, el Libertador escribió al director supremo Juan Martín de Pueyrredón (1777-1850): «No hay remedio, no se sacan los quinientos mil pesos aunque se llenen las cárceles de capitalistas”.

Afortunadamente, el proyecto resultó a la postre viable y la independencia americana pudo concretarse.

Las letras argentinas deben a la victoria de Maipú algunos poemas con los que los autores porteños celebraron el triunfo y el regreso de San Martín.

Entre otros podemos señalar: A los valientes defensores de la libertad en las llanuras de Maypo, primera obra que vio la luz pública de Juan Cruz Várela (1724-1839); La jornada de Maipú, del presbítero José Agustín Molina (1773-1838); destacada mención en el ulterior Canto lírico a la libertad de Lima, de Esteban de Luca (1785-1824); Canción patriótica dedicada a los defensores de la libertad después de la batalla de Maipú, de Vicente López y Planes (1785-1856), autor de la letra del Himno Nacional Argentino y presidente interino de las Provincias Unidas del Río de la Plata (“que al leerse por el mundo y meditarse,/ de Maipo la victoria / perpetuasen del mundo en la memoria”).

Citamos además el monólogo del poeta uruguayo Bartolomé Hidalgo (1788-1822) El triunfo y la oda A la gloriosa jornada de Maypo, probablemente inconclusa, del puntano Juan Crisóstomo Lafinur (1797-1824).
La Batalla de Maipú fue mucho más que un enfrentamiento armado, constituyendo la consolidación del proceso de Independencia que en Argentina y Chile dio nacimiento a dos naciones hermanas.
Hoy, pasado el tiempo, la hermandad entre argentinos y chilenos sigue tan firme como entonces, como bien señalara el obispo Chileno Ramón Angel Jara (1852-1917) en el acto de inauguración del monumento al Cristo Redentor, en la frontera argentino-chilena en la Cordillera de los Andes, el 13 de marzo de 1904: «Se desplomarán primero estas montañas, antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor». Alberto Auné

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