EEUU: la posmodernidad por sobre la tradición en la victoria de Barack Obama

Autores

Alberto Auné

Esta nota fue redactada después de la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de América, el 4 de noviembre de 2008.
El tiempo pasado permite al lector efectuar una evaluación de lo aquí expuesto y sacar sus propias conclusiones.

Desde aquella llegada de los colonos a bordo del Mayflower, huyendo en 1620 de la dominación totalitaria en el Reino de Gran Bretaña, hubo muchas elecciones en Estados Unidos, tanto a nivel nacional como local en sus diferentes aspectos.
Han cambiado muchas cosas con la historia, tanto desde la llegada de los colonos hasta la Declaración de la Independencia, el 4 de julio de 1776, como desde entonces hasta el 4 de noviembre de 2008.
Un ejemplo es el conteo de los votos. En los primeros tiempos del país los candidatos ponían sus sombreros para que los votantes colocaran en ellos, a elección, porotos que definían con el conteo al más votado (de allí la expresión «contar los porotos»). Hoy la emisión del sufragio es electrónica, dejando atrás cualquier otro sistema, pero el espíritu de respeto a la mayoría ciudadana no ha cambiado.

Sin embargo, el 4 de noviembre de 2008 se quebró una tradición que había nacido antes que los Estados Unidos: la elección presidencial tenía un profundo sentido religioso.
Esta realidad no se manifestó en forma expresa en todas las oportunidades, pero siempre estaba subyacente al menos. En algunos casos no hubo una mayor contradicción entre candidatos de las dos fuerzas políticas mayoritarias, el Partido Demócrata y el Republicano, sobre estos temas.
También hubo momentos en que los intereses de la Nación plantearon un mensaje de unidad y respeto al adversario, para ayudarlo durante su mandato; así ocurrió en los difíciles momentos posteriores a la crisis de 1929 y a la primera y segunda guerras mundiales.
Las opciones entre la primacía de lo religioso y lo moral por un lado y la de la política y la economía por otro no son excluyentes pero en contadas ocasiones se plantearon de manera expresa.
La última de ellas fue en noviembre de 2004, cuando George W. Bush lograra la reelección; temas como la despenalización del aborto, la autorización para contraer matrimonio a personas del mismo sexo, la bioética, la experimentación con células madre y hasta el mantenimiento de la virginidad hasta el matrimonio se instalaron en la campaña electoral y ayudaron al triunfo republicano
En esto tuvieron mucho que ver sacerdotes, pastores, rabinos, imanes y ministros de distintas religiones, en especial las mayoritarias y monoteístas, por lo que en los hogares practicantes se trató el tema en los días previos a la elección.
El 4 de noviembre de 2008 se unió lo social a lo religioso en el debate de las familias, afectadas por la crisis financiera, económica y laboral mayor que haya pasado Estados Unidos en mucho tiempo.
No bastaron las palabras de los líderes religiosos sino que lo social influyó, ahora de manera decisiva; a ello debe unirse una falta aparente de resultados, o quizás no bien comunicados por los medios de difusión, en la guerra contra el terrorismo.
El discurso de Obama fue certero y llegó al corazón de muchos jóvenes, que fueron a votar atraídos por las palabras de un líder carismático que prometía salvar a Estados Unidos de la crisis financiera, sus consecuencias y otros males, con lo que el resultado se fue asegurando.
Además confrontaron dos Estados Unidos, o dos formas de ver el país y el mundo, participando en cada una de ellas quienes sostenían ambas posiciones mencionadas anteriormente: quienes constituyen el Estado con el nacimiento del país y los inmigrantes que con el tiempo fueron integrándose.
Al principio Estados Unidos fue religioso, pero luego llega el pluralismo y toman fuerza otras corrientes de opinión, volviendo al país más receptivo de diferentes puntos de vista. Esta riqueza de variedades ha hecho que muchos decidieran emprender el «sueño americano»: construir un futuro en un país en que todos pueden compartir.
Dentro de estos inmigrantes se encontraba la familia de Barack Obama, que fue a Estados Unidos a cumplir este sueño.
Quienes construyeron Estados Unidos lo hicieron con un sentido imperial: no militarmente en aquel tiempo, aunque sí hubo fuerzas armadas, sino de ayuda a la democracia y combate a las dictaduras. Esta actitud llevó a la nación, por ejemplo, a participar en la Segunda Guerra Mundial, cuando el totalitarismo nazi arrasaba Europa.
Este imperio es el que corre riesgos hoy, como lo tuvo y cayó el de Roma, de lo cual podría dar testimonio Julio César.
Antes de las elecciones el hoy triunfante candidato hablaba de soluciones que ahora parece llevarían años, no siendo fácil salir de los problemas en forma más o menos inmediata.
Esta situación lleva a preguntarse si el presidente electo no había sido alertado sobre los problemas en la medida en que esto lo ameritaban.
También algunas afirmaciones recogidas por la prensa han causado preocupación, como aquel comentario sobre los americanos que se aferran a las armas y a la religión en momentos de adversidad, lo que podría llevar a pensar sobre una descalificación de la defensa propia y la fe en Dios.
En el lado opuesto, Sarah Palin exaltaba el ser madre de familia, lo que muestra dos visiones distintas del mundo, que en una primera lectura no tienden a complementarse.
Así, por primera vez el pueblo estadounidense no optó por quienes habían puesto a la familia, la mujer, el hogar y a Dios en primer lugar; esto no significa una descalificación sino una simple observación de la realidad.
La relación de Estados Unidos con el mundo es otro tema que merece considerarse, tan extenso que excede este breve análisis.
Desde Italia, Berlusconi espera hablar con el nuevo Presidente, al que considera «un poco bronceado»; Europa espera definiciones en temas económicos, como el trabajo común para dejar atrás la crisis y aminorar la recesión que se avecina.
Además, Rusia quiere conocer la posición de Obama respecto a la barrera antimisilística que según ese país es una provocación, tema en el que habrá que tomar decisiones en poco tiempo.
Un capítulo aparte es el mundo musulmán. Petróleo, política, lucha antiterrorista; todo se entremezcla en un batido que estremece.
Dirigentes musulmanes han exhortado a Obama a aceptar la fe del Islam, mientras Al-Quaeda amenazó con un ataque superior al del 11 de septiembre de 2001, que produciría grandes cambios en la situación política, económica y social del mundo, a producirse en un plazo no lejano, por orden expresa de Osama Bin Laden. Una advertencia que convendría tener en cuenta.
La relación con América latina es otro punto que debe ser analizado con responsabilidad.
Durante la campaña presidencial había un equipo de especialistas en la región que asesoraba a Hillary Clinton, quien estaba más preparada que su oponente en la interna para tratar temas que interesan al sur del río Grande.
Sin embargo, varios de estos especialistas quedaron relegados después del triunfo de Obama en la interna; lo político particular cedió a lo general y ahora es necesario contar con quienes conozcan en profundidad sobre el tema.
Algunas de las primeras medidas de Obama, que han trascendido, serían: avanzar en la socialización de la medicina y la educación; aplicación de un fuerte impuesto a quienes generan trabajo y negocios; reducción de gastos en Defensa y fuerzas armadas; desactivación de proyectos militares; reducción de la presencia diplomática en el extranjero; proteger a la industria con altos aranceles ante productos europeos y chinos y dar un carácter más social que económico y político a su gestión.
El nuevo presidente ha privilegiado la comunicación por internet, tanto en comunidades virtuales como redes sociales y contó con una importante base de páginas web y blogs con un número incontable de voluntarios.
Este trabajo, unido a un fluido manejo con la prensa, le permitió llegar con su mensaje hasta al último estadounidense.
Cuando George W. Bush triunfó en la elección que le diera su reelección presidencial, habló con su oponente demócrata, John Kerry, sobre la necesidad de unir a los Estados Unidos. Esa campaña había producido un enorme desgaste en muchas personas, llegando incluso a dividir comunidades y hasta familias.
Ahora la situación es la inversa. Dejar de lado principios que guiaron durante siglos a Estados Unidos puede dar un buen rédito en lo inmediato pero a la larga causará problemas de los que será difícil salir.
La crisis financiera, que aumenta día a día el tendal de víctimas, la lucha contra el terrorismo; el desarrollo de América latina, la relación con Rusia, China y otros países de Europa; el combate a la pobreza y muchos otros temas que sería largo enumerar requieren de la unidad estadounidense.
Allí estará el primer desafío de Obama, ya que muchos principios que ha planteado no son compatibles con la tradición de su país. Deberá dialogar para encontrar puntos en común. Ojalá pueda lograrlo para bien de Estados Unidos y del resto del mundo. Alberto Auné

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