Aproximación al idealismo alemán: Johann Fichte y Fiedrich Schelling

Autores

 Alberto Auné

El idealismo alemán surge en estrecha vinculación con el fenómeno cultural llamado romanti­cismo y supone, como él, una exaltación absoluta del Yo.

Ya Immanuel Kant (1724-1804) había visto en el hombre un valor absoluto. Pero para él habla algo más que el hombre, mientras que para Johann Gottlieb Fichte (1762-1814) el Yo es la fuente ori­ginaria de todo al ser cósmico.

El idealismo de Kant, crítico, quería delinear las fronteras entre el mundo de representaciones y el hombre.

Para el Yo cognoscitivo y volitivo de Fichte no hay límites: el no-yo no es una realidad originaria, sino una «posición» del Yo.

Por eso se ha llamado subjetivo a tal idealismo, que reduce al sujeto todas y cada una de las cosas, que lo es todo.

También por ello es «idealismo trascenden­tal» y se elimina la dualidad de sujeto y objeto. Pese a las objeciones que tal sistema puede merecer, no se puede desconocer el ethos eleva­do que hay detrás de toda esa construcción filosófica, tendiente a sal­var la libertad y dignidad del hombre frente a la naturaleza y la mate­ria.

Por eso el pensador alemán Heimz Heimsoeth (1886-1975) ha podido decir:

 

“La obra de Fichte señala uno de los grandes recodos en la historia del pensamiento filosófico. Con él comienza un potente empuje hacia una serie cerrada de movimientos y sistemas filosóficos que por su denue­do, pretensión y colosales proporciones, contarán entre lo más gran­dioso que el espíritu humano indagador jamás haya ideado. La singular potencia especulativa que el espíritu alemán llevaba en 3u interior se desborda, a partir de aquí en anchuroso cauce».

 

A juicio de Fíchte, Immanuel Kant tomó sus categorías de la experiencia, y de modo alguno podrá demostrar que las mismas constituyen «el sistema de las formas necesarias del obrar» de la conciencia y que san exclusi­vamente formas de inteligencia pura.

Para Fichte hay sólo dos filoso­fías posibles: el dogmatismo y el idealismo. El primero admite cosas en sí trascendentes al pensamiento y priva con ello al Yo de su li­bertad o espontaneidad; tampoco es nada claro de entender cómo algo que no es espíritu ni conciencia pueda ejercer su influjo en el espíritu y la conciencia.

El idealismo no admite más que representaciones que hace emanar del Yo, garantizando la independencia de éste. Entre estos dos puntos de vista hay que elegir prácticamente; una decisión teorética no cabe ya que ni uno ni otro puede ser especulativamente probado o refutado. Fichte dijo:

 

«Qué clase de filosofía se elija… depende de qué clase de hombre se es, pues un sistema filosófico no es un mobi­liario muerto que podemos arreglar a nuestro gusto, sino que está animado por el alma del hombre que lo tiene».

 

El método de Fichte ha sido llamada «tricómico dialéctico» y pue­de equipararse simplemente a la dialéctica de tesis, antítesis y síntesis.

La tesis es «yo soy yo»; la antítesis enfrenta al Yo con el «no Yo», que es una autolimitación del Yo (lo que está fuera de mí) y en la síntesis la contradicción se supera al reconocer la unidad del Yo y el no Yo es una originaria y fundamental subjetivi­dad, el Yo absoluto.

El ejemplo que da Fichte es el siguiente:

Cono­cemos el oro cuando lo ponemos su esencia; después lo dis­tinguimos de la plata, el cobre, etcétera.

Luego reunimos a todos nuevamente bajo el concepto de metal y en esta síntesis descubrimos el fundamento de su posibilidad.

Cada síntesis a su vez puede ser consideraba como tesis, de modo que el proceso continúa por los mismas pasos sin interrupción hasta descender a los últimos detalles de nuestro conocer. Algunos han considerado (como su coetáneo Jean Paul) que su construcción es un sueño romántico «abocado a un caos de palabras y conceptos».

En sus primeros estudios Fíchte separó, como Kant, el derecho del or­den moral, considerando a éste como reino del deber interno. De acuerdo con ello, el Estado es una institución que cuida de la seguri­dad y libertad de los ciudadanos mediante el empleo de la fuerza.

En sus últimos años, en Discursos a la nación alemana y Teoría del Es­tado piensa que el Estado no es una mera institución de vigilancia, sino un Etado de educación y cultura.

Hay allí un influjo evidente de Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827). Al terminar la segunda de las obras que acabamos de citar profetizaba:

«Tiene que llegar el tiempo… en que todo el género humano que puebla la Tierra se vea comprendido bajo un único Estado cristiano íntimamente trabado, que en una empresa común domine la naturaleza, y entonces haga su entrada en la esfera superior de una vida distinta».

Federico Guillermo José Schelling (1775-1854) también fue idealista. También descubrió, tras el ser, el espíritu como auténtico ser y fuen­te del devenir. Pero tal espíritu es en Schelling independiente de nuestro Yo, es espíritu objetivo y por ello su idealismo es objetivo, le que implica un resurgimiento de la tradición metafísica.

Schelling fue un escritor muy fecundo y evolutivo. A los 17 años había redactado una tesis sobre el pecado original.

Entre sus obras posteriores de mayor importancia cabe citar: Ideas de una filosofía de la naturale­za, Sistema del idealismo trascendental, el diálogo Bruno, o el principio natural y divino de las cosas, Lecciones sobre la filosofía de la mitología y la filosofía de la revelación e Investiga­ciones filosóficas sobre la libertad humana.

 

 Cuatro fases pueden distinguirse en el pensamiento de Schelling:

Filosofía de la naturaleza y del espíritu. Sostiene la vincula­ción de espíritu y naturaleza, mantenidos par lo absoluto, que se manifiesta en la historia, el arte y la religión.

El espíritu lo llena todo y lo que aparece sin vida es en realidad espíritu anquilosado.

Desde el ángulo idealista, filosofar sobre la naturaleza es crearla.

Sistema de la identidad. Naturaleza y espíritu pertenecen como partes al todo-uno; si predomina el elemento natural, la cosa pertenece al mundo de la naturaleza; si prevalece el espiritual, al reino del espíritu.

Cada una de estas series tiene diversos estadios o potencias.

Las potencias de la serie natural son materia, luz y organismo; las de la serie espiritual, intuición, entendi­miento y razón.

 Sistema de la libertad. En actitud panteísta, Schelling piensa que todo ser es una revelación de Dios, no revelado en un primer estadio.

Al revelarse se explicita.

La realidad es un autodespliegue de Dios, manifestado en tres etapas: naturaleza inorgánica, naturaleza orgánica y espíritu.

El grado supremo del espíritu es la libertad.

Metafísica de la religión. En conexión con el cristianismo, in­terpreta la divinidad como trinidad: el Padre es la superación de la voluntad implícita par la explícita o revelada; el Hijo es la potencia misma de esta superación racional; el Espíritu Santo es su perfección y acabamiento.

En la historia del cristianismo distingue tres etapas: el catolicismo o cristianismo de Pedro (el apóstol), el  protestantismo o cristianismo de Paulo (antes de su conversión) y le religión del porvenir o cristianismo de Juan, que con el amor producirá la unión de los dos primeros, la reconciliación de la fe y el saber.

Su filosofía en este nivel se hizo poética y aun fantástica, comenzó a diluirse en lo impreciso.

La influencia de Schelling fue aún más notable que la de Fichte entre los románticos. Alberto Auné

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