América, cuna del tabaco para el mundo

· Alberto Auné, América, historia, salud
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Alberto Auné

Los navegantes que en 1492 llegaron a América conducidos por Cristóbal Colón hallaron infinidad de maravillas mezcladas con costumbres, ritos y un modo de vida diferente al europeo.

Cronistas de la época relataron aventuras y desventuras de los buscadores de oro y riquezas que relataban también algunos usos mal vistos en la Europa monárquica.

El padre Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez escribe en su Historia de las Indias, publicada en Sevilla en 1533:

 

“Entre otras costumbres reprobables, los indios tienen una que es especialmente nociva y que consiste en la absorción de una especie de humo por medio de una caña hueca”.

 

Los navegantes expedicionarios observaron que los nativos quemaban sobre el fuego hojas de una planta que llamaban cohiva, y que los visitantes europeos denominaron tabaco, instrumento así nominado por los habitantes americanos para absorber el humo.

Además, los aborígenes consumían el humo mediante arrollados hechos por las mismas hojas y a veces las mascaban,

El tabaco -larga caña ahuecada- permitía acercarse a aspirar el humo que desprendían las cohibas encendidas, sin quemarse, para luego despedirlo por la boca o la nariz.

Fray Bartolomé de las Casas relata en 1527 que los indígenas, después de encender y aspirar e1 humo de la cohiva, mostraban signos de atontamiento, una especie de intoxicación que según sostenían hacía desaparecer la fatiga.

En 1560 el tabaco ya circulaba por España, impulsado por las propiedades curativas que se le atribuían.

Un caballero llamado Juan Nicot se mostró muy interesado en la hierba procedente del continente recientemente descubierto. Era embajador de Francia en Portugal y llevó hojas de tabaco a la corte de los Médicis.

En su honor se llamó “nicotina» al alcaloide descubierto en la planta en 1829.

Hacia 1584 un aventurero inglés fundó la primera colonia en lo que hoy es Estados Unidos en Virginia. Los colonos, en contacto con los indígenas, comenzaron a fumar en pipa como veían hacerlo. La costumbre prosperó en Inglaterra con ribetes de moda, llegando a haber maestros que enseñaban a cargar con gracia la pipa y exhalar el humo en forma de anillos.

Un personaje estadouinidense de dibujos animados que cumplía esta tradición fue Popeye el Marino, quien fuera uno de los más conocidos en la primera mitad del siglo XX. Muchos que fuimos niños lo recordamos, ya adultos, en aquellas películas en que fumaba en pipa y comía espinaca, la que le daba fuerzas para vencer a sus enemigos.

Poco demoró la reacción, ya que comenzó a cundir en toda Europa ese vicio que, según llegó a decirse, «sólo sirve para asfixiar al hombre, llenarlo de humo y chispas», por lo cual “habría que azotar a cualquier hombre o mujer que tuviera que ver con una pipa».

Jacobo I, sucesor de Isabel Tudor, se convirtió en enemigo del tabaco. En 1604 publicó un documento denominado Oposición contra el tabaco, en el cual denunciaba el hábito de fumar como “una costumbre repulsiva a la visita, odiosa para el olfato, dañina para el cerebro, peligrosa para los pulsiones».

Más adelante dictó una proclama prohibiendo al cultivo del tabaco. Empero, esa campaña no obtuvo mayores resultados, debido a que ya en esos tiempos, así como ahora, los intereses jugaban un importante papel por aquellos tiempos. Los colonos americanos de Virginia ofrecieron en trueque tabaco por mujeres que los acompañaran en su soledad, con lo que Inglaterra comenzó a organizar su monopolio.

El tabaco seguía vendiéndose en farmacias, ya que se creía en sus propiedades medicinales. Así se difundió en Grecia, Austria, Hungría, China, Japón, Rusia y Turquía, entre otros países.

Hacia 1778 llega a Montevideo una «expedición del tabaco» cuya misión era difundir el consumo como fuente de incremento de los ingresos de la Corona, hecho a partir del cual se registra la afición por el tabaco en el territorio que luego sería la República Argentina.

A mediados del siglo XIX hizo su aparición el cigarrillo, siendo utilizado por los españoles, ingleses y franceses.

Se fumaba en salones nocturnos famosos por su elegancia, siendo vergonzoso hacerlo en la calla o delante de las señoras.

Paulatinamente y en forma mayoritaria la pipa fue reemplazada por el cigarrillo.

El hábito se incrementó aun más durante la Primera Guerra Mundial, llegándose a afirmar que el tabaco ara como la ración diaria para el soldado. Entonces nace la leyenda de que es peligroso prender tres cigarrillos en un grupo, ya que si se hacía en una trinchera el segundo daba con su luz la posibilidad de calcular dónde estaba el tercer soldado para con un disparo certero quitarle la vida. Alberto Auné

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