La sangre, vital para el ser humano

· Alberto Auné, medicina, salud
Autores

Alberto Auné

La sangre es un tejido líqui­do que circula incesantemente en un amplí­simo sistema de vasos que llega a las más mínimas estructuras del orga­nismo, llevando oxígeno y sustancias nutritivas y liberándolas de materiales de desecho.

La constitución de la sangre en su parte estructural es una fracción líquida (plasma) y una fracción corpuscular o figurada, integrada por tres grupos de células -glóbulos rojos o hematíes, glóbulos blancos o leucoci­tos y plaquetas o trombocltos-, de los cuáles sólo los blancos son auténti­cas células.

 

La función de la sangre en el cuerpo

La sangre llega a todas las zonas del organismo, donde desempeña importantísimas funciones: transporta el oxígeno que carga en los pulmones y cede luego a las células de todos los tejidos.

Al mismo tiempo absorbe el anhídri­do carbónico y demás desechos del organismo y los traslada a los órganos capaces de expulsarlos al exterior.

También cumple un papel nutritivo alimentando las células de todos los tejidos que recorre y funciona como transporte de las hormonas endocrinas haiía los órganos correspondientes;y de los anticuerpos, tan importantes en la lucha contra los gérmenes y venenos.

Kn cnso de inflamación o infección, y cuando se produce una hemorragia, la sangre interviene con los medios que tiene a su disposición haciendo llegar los glóbulos blancos, liberando plasma o formando coágulos.

Las células de los tejidos en su continua actividad producen calor, pero precisan de un cllima estable para funcionar con plenitud y sin modifica­ciones sensibles. Entonces entra en acción la sangre que, a la manera de un termostato, regula la temperatura, ya sea mediante la circulación ca­pilar o con la pulmonar o cutánea, que permiten la dispersión del calor por irradiación o evaporación. Asi regula el grado de acidez del medio interno, impidiendo eventuales modificaciones.

 

La composición de la sanare

En un hombre adulto hay aproximadamente cinco a seis litros de sangre, una quinta parte de los cuales se ubica en los vasos capilares, mientras que la mujer adulta tiene menos sangre, unos cuatro a cinco litros.

La sangre se integra con un 80 por ciento de agua, 18 por ciento de proteínas y 2  por ciento de otras sustancias en solución (sales minerales).

El oxígeno y el anhídrido carbónico representan 0,1 por ciento del peso total de la sangre.

Como la sangre se compone de dos fracciones, una líquida y una corpuscular, Interesa «er la distribución de las sustancias en ambas.

El sodio es más abundante en el plasma que en los glóbulos, lo que también ocurre con el cloro, mientras que el potasio prevalece en las células.

Respecto de las proteínas, en el plasma hay 70 gramos por litro y se distribuye en albúminas, globulinas y fibrinógeno.

También participan de la composición sanguínea la glucosa y la úrea, junto con otras sustancias de desecho propias de la función de transpprte de la sangre.

Las variaciones sufridas por este especial tejido importan debido a que indican siempre algo anormal o patológico, además de la caracterización típica de una enfermedad.

Es el aspecto dinámico vinculado especialmente a la parte corpuscular de la sangre debemos considerar los glóbulos y las plaquetas.

En el hombre adulto normal hay millones de glóbulos rojos, cinco millones por milímetro cúbico, que se renuevan cada 24 horas en número de 250 millones.

Los glóbulos blancos llegan a 35 millones -de cinco a diez millones por milímetro cúbico- renovándose por día en cantidad de quince millones.

Las plaquetas o trombocltos son de un billón y medio -150 a 350 millones por milímetro cúbico-, reemplazándose unos 500 millones cada 24 horas.

 

Los glóbulos rojos

Llamados también erirositos o hematíes, tlenen forma de disco engrosado hacia los bordes.

Tanto en el ser humano como en los animales es una célula muy especial: carece de núcleo -lugar donde se concentran los caracteres hereditarios y muchos procesos esenciales de la vida- y es por ello que no es una célula que vive, sino que «sobrevive» abocada a la misión básica de transportar oxígeno.

 

Nacimiento y formación del hematíe

El glóbulo rojo es producido por la médula ósea y se lanza al torrente sanguíneo donde trabaja durante sus cuatro meses de vida.

Recorre los 1.300 kilómetros de todo el árbol circulatorio en 45 segundos, hasta que envejecido y cansado es destruido por el sistema retículoendotelial -de defensas- a través de sus células, principalmente el bazo.

Se compone de un envoltorio lleno con una proteína, llamada globina, y una parte no proteínica -pigmento- llamada hematina, que le confiere la misión principal a la hemoglobina: gracias a su estructura química es capaz de unirse al oxígeno.

Cuando el glóbulo rojo muere, la hemoglobina se descompone en globina y hematina.

El destino de la globina es el de todas las sustancias proteínicas: forma unidades más pequeras denominadas aminoácidos, cuya función será la construcción de nuevas proteínas.

El destino de la hematina es diferente. Sufre una demolición que le quita el hiero que, en parte, se combina con el hígado y en parte es expulsado al intestino.

Un litro de sangre contiene 140 a 160 gramos de hemoglobina y ésta se combina con el oxígeno, conteniendo esa cantidad de sangre cerca de 200 centímetros cúbicos de oxígeno.

Los glóbalos rojos contienen la hemoglobina y le permiten a ella ejercer su función propia, ya que si estuvieran libres en el plasma se perdería a través de los vasos sanguíneos capilares. Al contenerla, puede absorber el oxígeno en los pulmones transportándolo y liberándolo en los tejidos, según las necesidades. Estes fenómenos tienen lugar en la superficie, que cuanto mayor es máyor intensidad adquieren.

Deaquí se deduce la característica que presenta el glóbulo rojo como célula. Al carecer de núcleo, su lugar es ocupado por la hemoglobina.

 

Los glóbulos blancos

Observando una gota de sangre al microscopio, aparecen entre los glóbulos rojos unas manchas blancuzcas más grandes, algunas de las cuales presentan granulaciones; son los glóbulos blancos o leucocits.

Forman dos grupos: con granulaciones -neutrófilos, basófilos y eosinófilos- y sin granulaciones -linfocitos y monocitos-, sumando en total siete millones por milímetro cúbico.

 

Las funciones de los leucocitos

Son los llamados «tropas o ejércitos’ de defensa del ataque o invasión de elementos o agentes externos.

Desempeñan una lucha sin cuartel frente a las infecciones en general -desde un forúnculo hasta la infección más grave-.

Son capaces de moverse activamente, emitiendo «seudópodos», que los impulsan a una velocidad de 1,5 milímetro por hora.

Atraviesan las paredes vasculares y llegan a los tejidos que los precisan y pueden regresar al torrente sanguíneo.

Casi todos los glóbulos blancos «fagocitan» -comen- los elementos extraños y nocivos.

Los linfocitos actúan en los procesos inmunizadores para la elaboración y transporte de anticuerpos.

Los leucocitos eosinófilos y los basófilos actúan en los estados de alergia y en la coagulación de la sangre.

 

Nacimiento y formación del leucocito

Parte de ellos se originan en la médula y parte en el tejido linfático. También como los glóbulos rojos, proceden de transformaciones de células primitivas.

Cuando son viejos y gastados son destruidos por células del sistema retículoendotelial.

A diferencia del hematíe, el leucocito posee núcleo. La importancia de éste ha sido demostrada por la posibilidad de identificar el real sexo en una persona cuando se tienen dudas, tanto en medicina legal como en endocrinología.

En la mujer el núcleo presenta un pequeño abultamiento que termina en un apéndice y señalaría la presencia de cromosomas sexuales femeninos, que son siempre diferencies a los del hombre.

 

Variaciones en; el número de glóbulos

El aumento o la disminución importantes de glóbulos blancos o rojos están ligados a estados anormales, patológicos o a situaciones especiales y por lo general temporarias.

Los cambios bruscos de temperatura, la baja presión atmosférica, algunas modificaciones del ánimo provocan condiciones fisiológicas circunstancíales en los que aumentan o disminuyen los hematíes, alterando los valores medios y que, al desaparecer revierten la alteración.

Hay trastornos del aparato respiratorio que ocasionan aumento de glóbulos blancos, como el enfisema pulmonar, malformación del corazón o alguna intoxicación.

Por el contrario, se produce una disminución de hematíes en las enfermedades conocidas como anemias. El número menor, en todos los casos necesario para mantener la vida, no puede ser inferior al millón por milímetro cúbico.

En cuanto a los leucocitos, sufren variaciones tanto en situaciones circunstanciales como patológicas. Aumentan durante la gestación, el parto, las menstruaciones o determinados estados de ánimo, como miedo y dolor entre otros.

Las leucemias y algunas infecciones provocan disminución de los leucocitos, como ocurre también cuando agentes físicos o químicos dañan la médula ósea.

 

Las plaquetas sanguíneas

Cuando se produce una herida cortante en la piel o en algún órgano interno, siendo todos irigados por el tejido sanguíneo, se produce un fenómeno natural y espontáneo denominado coagulación.

En un primer momento los vasos -pequeños canales por los cuales circula sangre- lesionados, se contraen y disminuye la velocidad de la corriente sanguínea lo que suele no bastar, ya que la brecha producida en el vaso queda abierta.

En un segundo momento, las plaquetas sanguíneas van a aglutinarse para formar lo que se llama el «tapón plaquetario», que durante algunos minutos tapona la herida del vaso.

Por último, una proteína contenida en nuestro plasma sanguíneo, el fibrinógeno. Por la acción de una enzima, la trombina, y de la vitamina K, producidas ambas en el hígado, se transforma en fibrina, que constituye si coágulo definitivo gracias al cual se detendrá la hemorragia.

Ese es el accionar primordial de las plaquetas, a las que se denomina también «trombocitos».

Las plaquetas son los elementos más pequeños observables en nuestra sangre. Su número varía entre los 200.000 y 400.000 por milímetro cúbico.

 

Los grupos sanguíneos

En 1900 el patólogo y biólogo austríaco Karl Landsteiner (1868-1943) descubrió la existencia de cuatro grandes grupos sanguíneos existentes en el mundo.

Ellos son los grupos A, B, AB y 0.

El científico se valía de unos pequeños simios para experimentar, llamados»rhesus* y algunos años más tarde sus seguidores subdividieron los cuatro grupos en dos sub-grupos: rhesus positivo y rhesus negativo. Así aparece el Factor Rh,

El mismo estudioso advirtió en su momento que no todas las sangres eran idénticas.

Hasta su descubrimiento, las transfusiones se hacían al azar, provocando numerosas muertes en seres humanos. Ello ocurre debido a que cuando la sangre trasfundida no es compatible con la del receptor se produce un aglutinamiento de glóbulos rojos en grandes masas que ocluyen por lo general los riñones provocando serlos trastornos.

Landsteiner experimentó con conejos a los cuales inyectó sangre de un rhesus comprobando que tenía el poder de aglutinar la sangre del 90 por ciento de los individuos humanos. Llamó a ese subgrupo «Rh Positivo», quedando la denominación de «Rh Negativo» para quien no tenía la reacción descripta.

Los distintos grupos se distribuyen desigualmente en el mundo y en las diferentes razas dado que son hereditarios aunque en sentido amplio.

 

La donación de sangre

El progreso en la ciencia determinó con el tiempo que la donación de tejido sanguíneo se difundiera con la utilización de técnicas de laboratorio que aceleraron el proceso de investigación de grupos y factores. Hoy, con mínimas excepciones, se efectúa cada vez con mayor asiduidad.

La solidaridad de uno salvó la vida de muchos seres humanos desde el descubrimiento de Landstelner.

La mayoría de los países regula por las leyes o normas positivas la prohibición de vender sangre o canjearla por servicios, a efectos de preservar en la comunidad el respeto hacia la necesidad vital de todos sus miembros, aun de quienes no tienen medios económicos suficientes.

Pero aun así, razones de salud exigen que las donaciones sean limitadas a quienes gozan de buena salud y fortaleza física.

En términos específicos un hombre adulto puede donar sangre hasta alrededor de cinco veces por año y una mujer de igual condición puade hacerlo hasta tres veces en el mismo período.

En cada donación se extraen alrededor de 250 a 500 centímetros cúbicos. La sangre, analizada previamente, se conserva en los centros da transfusiones a una temperatura no mayor a los cuatro grados centígrados durante un tiempo limitado a veinte días aproximadamente.

A pesar de las vidas recuperadas con el descubrimiento de Landsteiner, en las primeras épocas las transfusiones fueron recibidas con mucha reticencia calificándoselas como de «peligrosas».

Hoy los tiempos han cambiado y podernos ser donantes con absoluta seguridad. En el caso de que podemos hacerlo no dejemos de tener este gesto solidario. Alberto Auné

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