Baruch Spinoza: síntesis filosófica del siglo XVII

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Baruch Spinoza, alrededor de 1665. Retrato. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

 

Alberto Auné

Según Otto Baensch, la filosofía de Spinoza “es la más impresionante síntesis de las ideas del siglo XVII, erigida en una concepción del mundo y de la vida”.

A pesar de que su libro principal fue una ética demostrada según el orden geométrico, no fue su obra un simple sistema de conceptos teóricos, sino una concepción, primordalmente religiosa y ética, de todo lo humano contenido en logos, ethos, eros y mitos.

Él mismo sostuvo: “Una vez que me enseñó la experiencia que todo lo que constituye la materia del vivir cotidiano es vano y nada… Me resolví, finalmente, a investigar si acaso existe algo que sea un bien verdadero y comunicable”.

 

Su vida y pensamiento

Baruch Spinoza nació en 1632 en Amsterdam, de origen judío. Su familia había emigrado de España y llegado allí,

En su juventud fue expulsado de una sinagoga debido a sus opiniones religiosas disidentes.

Vivió en la pobreza, consagrado a la filosofía y a su trabajo como pulimentador de lentes de óptica.

Conoció bien la obra de René Descartes (1596-1650), en la que se inspiró. Empero, contra el dualismo cartesiano de las sustancias pensante y extensa, afirma que Dios es la única sustancia identificada con la naturaleza impersonal del Universo: Deus sive substancia sive natura.

De esta única sustancia se deriva todo fenómeno. Lo pensante y lo extenso quedan reducidos, en su sistema, a menos atributos de la sustancia única.

Los “modos”, a su vez, son afecciones mediante las cuales se expresa la sustancia única a través de sus atributos.

Los modos del atributo extensión son las cosas individuales, mientras que los del atributo pensamiento son las ideas, concluyendo así en que el orden y la conexión de las ideas son equivalentes al orden y la conexión de las cosas.

Para este filósofo, el hombre es un modo de la única sustancia, pero de un modo especial, ya que es modo de los dos atributos –extensión y pensamiento- de Dios.

El hombre tiene cuerpo y alma; no hay unión de cuerpo y alma, pero si paralelismo. Solamente Dios es libre, pero el hombre puede liberarse por el conocimiento de Dios y la obediencia a El; obedecer a Dios es libertad.

Para Spinoza todas las cosas están en Dios y fluyen de El con la misma necesidad y en la misma manera “como de la naturaleza del triángulo se sigue, de eternidad en eternidad, que sus ángulos sean iguales a dos rectos”.

Con esto nos enfrentamos a una visión panteísta, que rechaza la tradicional dualidad de Dios y mundo, la cual será expresada por Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), de la siguiente manera:

“Y habló una deidad cuando pensé que hablaba yo, y cuando pensé que hablaba una deidad, yo mismo era quien hablaba”.

Spinoza previó el escándalo que suscitaría al sostener:

“Aquí tropezarán sin duda los lectores y se les ocurrirán cosas que no los dejarán seguir adelante”.

Estas cosas son la individualidad de la persona, la libertad y la inmortalidad personal.

De esta forma, el autor llega a la neta identificación del alma particular con el todo y así aparece nuestro espíritu como una actividad del espíritu de Dios.

Algunos ven el alma de la filosofía de Spinoza en la teoría de la necesidad absoluta: todo procede necesariamente a partir de ciertas relaciones y nexos ideales; sus proposiciones sobre la causalidad suponen una emanación geométrica del mundo a partir de Dios.

Hay entonces una serie infinita de nexos causales determinados por la “naturaleza de Dios”; según afirma:

“Todas las causas finales no son más que invenciones de la fantasía de los hombres”.

Esta teoría de la necesidad cósmica dejó un profundo influjo en la época siguiente. Su huella más acusada es la negación de la finalidad en la causalidad natural y la idea del puro mecanismo. Todo el determinismo del siglo XIX descansa sobre esa base.

Bajo la influencia de Thomas Hobbes (1588-1679), Spinoza escribe sobre Derecho natural y contrato político:

“Por Derecho natural entiendo yo las mismas leyes de la naturaleza o las reglas según las cuales todo acontece; es decir, la fuerza de la naturaleza”.

Cada individuo en particular se extiende hasta donde llegan su poder y fuerza, coincidiendo ésta con el Derecho natural.

Este filósofo ve la ley del obrar humano en el instinto de conservación.

También el Estado nace de un concierto de particulares para limitar las ambiciones personales que van en contra de la comunidad.

Empero, a diferencia de Hobbes, Spinoza no cree que con eso el individuo haga cesión definitiva de sus derechos naturales a la comunidad, ya que puede volver a reclamar lo que ha otorgado a otros, si así lo requiere su instinto de conservación; el mismo Estado debe ser fiel a sus tratados concertados por el tiempo que le convenga. Para Spinoza Dios crea individuos, no naciones.

Este gran pensador falleció en 1677, a los 44 años de edad, debido a una enfermedad pulmonar. Nos deja como legado una apertura al pensamiento y la relación entre el ser humano, el creador y la sociedad que es importante conocer y sobre la cual lo es reflexionar. Alberto Auné

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