Evaristo Carriego, una vida al servicio de la palabra

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Evaristo Carriego. Revista Pájaro de Fuego, número 6, Buenos Aires, abril 1978. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

 

Alberto Auné

Evaristo Carriego, nació en Paraná, Argentina, el 7 de mayo de 1883, siendo una leyenda de porteñidad, por haber sido el primero que can­tó a las cosas sencillas de la ciudad.

Era un criollo genuino, pero no consagró su lira al campo sino a los barrios urbanos. Así, su obra y su existencia permitieron a Jorge Luis Borges escribir en 1930, un ensayo memorable en el que desfilan todo tipo de refle­xiones sobre Buenos Aires y sus gentes.

Carriego interrumpió sus estudios secundarios, no logrando acceder al Colegio Militar de la Nación por un defecto visual. Entonces de dedicó al perio­dismo.

En 1908 pulicó su libro de versos: Misas herejes.

Murió en Buenos Aires el 13 de octubre de 1912. A mediados de no­viembre, en el teatro Nacional, se estrenó su drama en un acto y en prosa Los que pasan.

Su hermano Enrique y sus amigos Marcelo del Mazo y Juan Mas y Pi reunieron en un volumen póstumo las composi­ciones del libro citado y las nuevas que el autor había ordenado para una próxima composición: La canción del barrio.

Además de la mencionada obra de Borges hay otro estudio anterior, el de José Gabriel, publicado en 1921.

Julio Noé escribió sobre este autor:

 

«Carriego vivió los dramas, grandes, pequeños o ridículos, de su barrio porteño. Los vivió cono cualquiera de sus protagonistas sencillos y humildes, y los describió con emoción y verdad. Sus personajes -esa pobre y feúcha ‘Mamboretá’ o la francesita que salió a tomar el sol, o el hombre que tiene un secreto, o la costurerita que dio aquel mal paso, y tantos otros que se les parecen- llegaron por virtud de sus versos, desnudos de todo artificio, al corazón de sus lectores. No pretendía Carriego, como los poetas ‘sociales’, alegar nada con­tra la sociedad burguesa, ni culpar a nadie de la desventura de los humildes. Esa desventura era la del simple vivir, la del amor fracasado y los sueños desvanecidos. Era también la de la muerte y la ausencia. Acaso acentuó a veces la nota sen­timental y lacrimosa, pero ni siquiera entonces falseó la ver­dad de sus temas inspiradores. Por eso gustaron sus versos, que aún serán recordados cuando otros de calidad más pura se ha­yan perdido en la memoria».

 

En estos versos de Carriego parecen concentrarse sus símbolos predilectos:

 

… Pianito que cruzas la calle cansado

moliendo el eterno

familiar motivo que el año pasado

gemía a la luna de invierno:

con tu voz gangosa dirás en la esquina

la canción ingenua, la de siempre, acaso

esa preferida de nuestra vecina

la costurerita que dio aquel mal paso.

Y luego de un valse te irás como una

tristeza que cruza la calle desierta,

y habrá quien se quede mirando la luna

desde alguna puerta.

… Anoche, después que te fuiste,

cuando todo el barrio volvía al sosiego

-qué triate-

lloraban los ojos del ciego.

 

Por su parte, Jorge Luis Borges escribió respecto a Carriego:

 

“Carriego, muchacho de tradición entrerriana, criado en las orillas del norte de Buenos Aires, determinó aplicarse a una versión poética de esas orillas. Publicó, en mil novecientos ocho, Misas herejes, libro despreocupado, aparente, que registra diez consecuencias de ese deliberado propósito de localismo y veintisiete muestras desiguales de versificación: alguna de buen estilo trágico –Los lobos-, otras de sentir delicado: Tu secreto, En silencio-, pero en general invisibles. Las pátinas de observación del barrio son las que importan. Repiten la valerosa idea que tiene de él mismo el suburbio, gustaron con entero derecho. Tipo de esa manera preliminar son El alma del suburbio, El guapo, En el barrio. Carriego se estableció en esos temas, pero su exigencia de conmover lo indujo a una lacrimosa estética socialista, cuya inconsciente reducción al absurdo efectuarían mucho después los de Boedo. Tipo de esa manera segunda, que ha usurpado hasta la noticia de las demás, con afeminación de su gloria, son Hay que cuidarla mucho, hermana, mucho, Lo que dicen los vecinos, Mamboretá. Ensayó des­pués una manera narrativa, con innovación de humorismo: tan indispensable en un poeta de Buenos Aires. Tipo de esa manera última -la mejor– son El casamiento, El velorio, Mientras el barrio duerme. También a lo largo del tiempo había anotado algunas intimidades: Murria, Tu secreto, De sobremesa. ¿Qué porvenir el de Carriego? No hay una posteridad judicial sin posteridad, dedicada a emitir fallos irrevocables, pero los hechos me parecen seguros. Creo que algunas de sus pági­nas –acaso El casamiento, Has vuelto, El alma del suburbio, En el barrio– conmoverán suficientemente a muchas generaciones argentinas. Creo que fue el primer espectador de nuestros barrios pobres y que para la historia de nuestra poesía, eso importa. El primero, es decir, el descubridor, el inventor».

No solamente Buenos Aires sino toda la Argentina recuerda a Carriego, conservando su legado y su poesía. Alberto Auné

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