Vicente Huidobro: gran poeta chileno

Autores

Vicente Huidobro.jpg

Vicente Huidobro antes de 1948. Chileprimero.cl, Balance patriótico de Vicente Huidobro (Fuente: http://www.wikimedia.org)

 

Alberto Auné

Figura que suscita la polémica, innovador impenitente, revolucionario de las formas, Vicente Huidobro tuvo una especial relevancia en el estudio de las letras americanas.

Nació en Santiago de Chile en 1893, hijo de una familia rica, lo que le permitió visitar prontamente el Viejo Mundo y entablar amistades deci­sivas, como las de Pablo Picasso, Juan Gris o Robert Delaunay en Francia y Juan Larrea y Gerardo Diego en España.

Participó en la Guerra Civil Española y se alistó en el ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial.

Después regresó a su tierra natal y allí murió en 1948.

Aguda inteligencia y extraordinaria personalidad pueden definir a Huidobro, quien escribió su deslumbrante alquimia cerebral en español y también en francés.

Durante el auge del surrealismo sabe identificarse con sus postulados más valiosos sin perder independencia y, además, sus manifiestos «creacionistas» revelan puntos de vista propios.

Un gran estudioso de su obra fue Enrique Caracciolo Trejo, quien escribiò sobre este gran autor.

En la Revista Iberoamericana sostuvo en 1979, en su artículo «»Huidobro y el futurismo»:

 

 

«Creo que es indispensable volver, aunque sea brevemente, a considerar el concepto de «vanguardia», que inevitablemente está  unido a la obra de Huidobro.   «Vanguardia» apunta básicamente a dos aspectos: uno que revela temporalidad, otro que trasunta experimentación.  Ambos conceptos aluden a una situación dee fragilidad, de precariedad, que otro tipo de obras parecen no ostentar».

 

 

Además,  Caracciolo Trejo expresa respecto a este gran escritor:

 

 

«Hay en Huidobro una facultad ‘mimética’, imitativa, que a través de su carrera contrasta con su egocentrismo desmesurado. De esas dos constantes de su carácter surgieron innumerables conflictos en su vida de relación, que a veces tienden a enmascarar su rostro poético. Es esa facultad, que nos permitimos llamar ‘mimética’, la que lo lleva a escribir con gracia y soltura poemas como tantos otros, la que lo ayuda a componer poesía en francés con poco conocimiento de esa lengua. En Hispanoamérica, él fue de los primeros en ver que nos avecinábamos a mundos nuevos. Esa conciencia de temporalidad es también parte de sus dotes intuitivas».

 

 

En 1911 Huidobro  publicó su primer libro, Ecos del alma, en uno de cuyos poemas expresa:

 

 

Cubre el valle la niebla

como:un sudario,

y tiembla entre sus pliegues

el campanario,

naturaleza

temor inspira al alma

con tu tristeza.

Disfrazado de músico

más pordiosero

tocando;una romanza ;

pasa el buhonero;

se lleva el viento

sus notas ateridas

como un lamento.

 

 

Luego a los veinte años de edad, publicó La gruta de1 silencio, en 1913, donde da a conocer la «Elegía a Carriego»:

 

 

Las casas del suburbio cuchichearon su pena,

lloraron los faroles sus lágrimas de luz,

tu alma para todo era una madrecita buena,

tus versos bendecían y amaban cual Jesús.

 

Cuantío tú te alejaste una flor pueblerina

lloró, lloró la luna hasta quedarse marchita,

y entre las cuerdas dulces de una mandolina

se suicidó una blanca vidalita.

 

 

Para la misma época aparece Canciones en la noche, libro en el que, a las inevitables influencias modernistas y rubendarianas, suma por vez primera su vocación innovadora, adoptando en algunos textos formas de imágenes plásticas novedosas, según los modelos de Stéphane Mallarmé y Guillaume Apollinaire quien, para entonces, publicaba sus primeros manifiestos pre­figurando sus famosos «caligramas».

 

En Adán (191S) intenta un redescubrimiento poético del universo, impresionado por las revelaciones de la ciencia.

En El espejo de agua, del mismo año, reve­la cierta apertura a la interioridad:

 

 

Mi espejo, corriente por las noches,

se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.

 

Una rosa secreta se hincha en mi pecho

y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.

 

 

Por entonces ya centraba la actividad poética en el «crear».

El poeta visto como un pequeño Dios que se niega a la función meramente adjetiva de calificar una realidad exterior a él y en cambio afirma su función sustantiva de inventar objetos dentro de la conciencia.

En 1916 señala:

 

«Hasta ahora no hemos hecho otra cosa que imitar el mundo en sus aspectos, no hemos creado nada. ¿Qué ha salido de nosotros que no estuviera antes parado ante nosotros, rodeando nuestros ojos…? Hemos cantado a la Naturaleza (cosa que a ella bien poco le importa). Nunca: hemos creado realidades propias… Hemos aceptado, sin mayor reflexión, el hecho de que no puede haber otras realida­des que las que nos rodean y no hemos pensado que nosotros también podemos crear realidades en un mundo nuestro, sn un mundo que espera su fauna y su flora propias».

 

En una conferencie pronunciada entonces en Buenos Aires dijo:

 

 

“Toda la historia del arte no es más que la historia de la evolución del hombre-espejo al hombre-dios».

 

 

Parece que fue entonces el momento en que surgió el rótulo de creacionismo pues él dijo que la primera condición de un poeta es crear, la segunda crear y la tercera crear.

Y también a fines de ese 1916 llegó a Europa y comenzó a colaborar en la revista Nord-Sud, en la que escribían Guillaume Apollinaire, Tristán Izara, Pierre Reverdy y Max Jacob.

Después de su paso por Madrid regresó a Sudamérica y volvió a España para cooperar en el nacimiento del «ultraísmo» en los tiem­pos de la estancia de Jorge Luis Borges en esos lugares.

¿Cuál es el arma para crear, crear, crear? Sólo el poeta, dice Huidobro, posee loa espejos vertiginosos que sorprenden el paso de las metamorfosis:

“Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”.

Utiliza así el arma de la metáfora.

Enrique Anderson Imbert recuerda que se suprime la comparación, el enlace lógico de la fantasía con la realidad y se establece como verdadero el hecho de que “pasan lentamente/ las ciudades cautivas/ cosidas una a una por hilos telefónicos”.

Filippo Tomasso Marinetti había sacudido a Europa con su Manifiesto técnico de la literatura futurista, en el cual sostenía que «la poesía debe ser una serie ininterrurmpida de imágenes nuevas*.

Huidobro publicó entonces su propio ma­nifiesto con el nombre de Futurismo y maquinismo, en el que expresaba, en­tre otros conceptos:

 

 

«Los futuristas pretenden haber aportado todos los materiales para el arte y la poesía que hacemos y que hacen en todas las partes Los poetas modernos. Esto es absolutamente falso; no es más que un sueño imperialismo en frío. Ellos nada han aportado, salvo algo de ruido y mucha confusión. No es el tema sino la manera de producirlo que lo hace novedoso. Los poetas que creen que porque las máquinas son modernas también serán modernos al cantarlas, se equivocan absolutamente”.

 

 

Son no­tables en cambio sus coincidencias con el poeta mallorquín Gabriel Alomar, otro gran talento y precursor, a su modo, del llamado «futurismo».

La reno­vación queda patente en aspectos tan obvios como el de la puntuación, acer­ca de lo que Huidobro decía:

 

 

«Creo que la puntuación era necesaria en los poemas antiguos eminentemente descriptivos y anecdóticos y de composición compacta; pero no así en nuestros poemas en los cuales por razón misma de su estructura y dado que las diferentes partes van hiriendo distintamente la sensibilidad del lector, es más lógico cambiar la puntuación por blan­cos y espacios».

 

 

Huidobro consideraba, según confesiones suyas muy posteriores, que el único grupo que ha tenido importancia vital en la historia del arte contemporáneo era el cubismo, un movimiento que fue principalmente pictórico, tema del estudio literario de Apollinaire y otros y del qua la poesía toma procedimientos tales como la descomposición y recomposición del objeto (en su caso, juegos de palabras), simultaneidad en el espacio y en el tiempo y el célebre collager al que en poesía se puede aludir cuando se intercalan en el poema imágenes o elementos que tienen una existencia autónoma de por sí.

Este gran autor reconocería:

 

 

“Sólo un hambre como Picasso, andaluz, mezcla de árabe y de celta o latino, podía inventar el cubismo. Sus antepasados ára­bes no gustaban de la representación del objeto, y su educación demostraba esto por doquier. Del conflicto entre su memoria atávica y su memoria adqui­rida iba a surgir su pintura; este conflicto habría de ser la primera fuen­te de una nueva estética, mediante la cual buscaría evadirse del objeto sin lograrlo plenamente, tal vez a causa de su latinidad y de su memoria actual”.

 

 

Un poema de composición cubista, con imágenes aparentemente incoherentes, podría ser “El hombre alegre”, de El espejo de agua:

 

 

No lloverá más,

pero algunas lágrimas

brillan aún en tus cabellos.

Un hombre salta en el sol.

 

Sus ojos llenos del polvo de todos los caminos

y su canción no brota de sus labios.

 

El día se rompe contra los vidrios

Y las angustias se desvanecen.

 

El universo es más claro que mi espejo.

 

El vuelo de los pájaros y el gritar de los niños

es del mismo color,

verde,

sobre los árboles,

más altos que el cielo,

Se oyen campanas al vuelo.

 

 

Muy interesante es su opinión sobre el lenguaje poético, trasmitida en una entrevista a un órgano de prensa de su país natal en 1939:

 

 

«Pienso que la poesía es la síntesis de todas las potencias creadoras del hambre. La poesía es la suprema construcción del espíritu humano y algo así como el símbolo de todas sus facultades, de todas sus anhelos y de todas sus energías. Sólo por medio de la poesía el hombre resuelve sus desequilibrios, creando un equilibrio mágico o tal vez un mayor desequilibrio. Aplastado por el cosmos, el hombre se yergue y lo desafía, el poeta desafía al universo. Por la poesía se iguala o supera al cosmos- La poesía es más infinita que el infinito, más cósmica que el cosmos. Hace muchas años yo respondí en otra entrevista ante  una pregunta semejan­te a ésta: la poesía es la conquista del universo.

Dar definiciones de la poesía es muy fácil y muy difícil; se pueden dar cientos y todas en el fondo son insuficientes. La poesía es revelación, es vida en esencia, es el universo que se pone de pie. En realidad, la poesía nos nace ver todo como nuevo, como recién nacido, porque ella es descubrimiento, iluminación del mundo”.

 

 

En otra ocasión expresó:

 

 

«La poesía es el vocablo virgen de todo prejuicio; el verbo creado y creador, la palabra recién nacida. Ella se desarrolla en el alba primera del mundo. 5u precisión no consiste en denominar las cosas, sino en no alejarse de ellas. El valor del lenguaje de la poesía está en razón di­recta de su alejamiento del lenguaje que se habla. £1 poeta hace darse la mano a vocablos enemigos desde el principio del mundo, los agrupa y los obliga a marchar en su rebaño por rebeldes que sean, descubre las alusiones más misteriosas del verbo y las condena en un plano superior, las entreteje en su discurso, en donde lo arbitrario pasa a tomar un rol encantatorio… Un poema sólo es tal cuando existe en él lo inhabi­tual».

 

 

En 1918 Huidobro publicó dos importantes libros: Poemas árticos y Ecuatorial, con los que, según Anderson Imbert, comienza a estallar Hsu grue­sa de cohetes», cohetes tronadores y chisperos: «Un ruiseñor en su cojín de plumas/ tanto batió las alas/ que desató la nieve»; «Soy el viejo ma­rino/ que cose las horizontes cortados».

De 1931 es su poema máximo, Altazor o Un viaje en paracaídas, en el que, nos dice Enrique Caracciolo Trejo, “imaginación, vuelo-caída, libertad, se contrastan con abismo, muerte, «sepulcro abierto».

El paracaídas es un resabio patético de la artificial opulencia futurista, de aque­lla complacencia que pretendía liberar al hombre con el motor a explo­sión. Pero es un símbolo apto, pues como instrumento sólo sirve para caer y así patentiza nuestra situación. El globo, el avión, tal vez lograron darnos cierta ilusión de poder y fuerza. El paracaídas nos sostiene en el aire por un instante, nos ayuda débilmente en nuestra fragilidad aérea, sólo amortigua nuestro descenso. Sobre todo, nos hace conscientes de que somos prisioneros de la tierra. Felizmente, el paracaídas de Altazor no es de tela y cordajes, es de imaginación, es de poesía»…»Ser hombre es ir cayendo».

 

 

Eres tú el ángel caído

la caída eterna sobre la muerte

la caída sin fin de muerte en muerte.

Embruja el universo con tu voz

aférrate a tu voz embrujador del mundo

cantando como un ciego perdido en la eternidad.

 

 

A ese Canto I, sigue el arribo del amor:

 

 

El mundo deviene majestuoso cuando pasas

se oyen caer lágrimas del cielo

y borras en el alma adormecida

la amargura de ser vivo.

Se hace liviano el orbe en las espaldas.

 

 

En el mismo Altazor está la idea de su lenguaje poético:

 

 

Mas no temas de mí que mi lenguaje es otro.

No trato de hacer feliz ni desgraciado a nadie

ni descolgar banderas de los pechos

ni dar anillos de planetas

ni hacer satélites de mármol en torno a un talismán ajeno.

Quiero darte una música de espíritu

música mía de esta cítara plantada en mi cuerpo

música que hace pensar en el crecimiento de los árboles

y estalla en luminarias adentro del sueño.

Yo hablo en nombre de un astro por nadie conocido

hablo en una lengua mojada en mares no nacidos

con una voz llena de eclipses y distancias

solemne como un combate de estrellas o galeras lejanas.

una voz que se deshonda en la noche de las rocas

una vez que da vista a los ciegos atentos

los ciegos escondidos al fondo de las casas

como el fondo de si mismos.

 

 

Anderson Imbert dice:

 

 

“A lo largo de siete cantos” Altazor-Huidobro (alto azor) renunciador al mundo cae en un “eterno viajar en los adentros de si misma, cae al fondo donde la muerte lo espera. ‘Justicia, exclama, ¿qué has hecho de mí, Vicente Huidobro?’ El poeta nos da su biografía de mago de la palabra con sus angustias e insurrecciones. Las palabras, en este caída, poco a poco se enloquecen. ‘una bella locura en la zona del lenguaje’ pierden la gramática, se convierten en puro sonido, desnacen en letras sueltas y en el canto final se funden en el caos”.

 

 

Ver y palpar tiene ecos, en 1941, de ese gran poema que hemos mencionado. Un tono biográfico estremecido recorre alguno de sus poemas, como Tenemos un cataclismo adentro:

 

 

Nada recuerdo, pero el sentimiento vive

Llevo en la carne los tiempos infantiles

y los antes de los antes con sus ruidos confusos

Las épocas de los grandes principios

y de las formaciones en fantasmagorías imprevisibles

cuando el mar apenas aprendía a hablar

y la vida se estrellaba entre las rocas.

(…)

Despiértame y grítame que estoy viviendo en hoy

Sé muy bien que si hubiera comido ciertas hierbas

sería paloma mensajera

y podría encontrarte a la sombra dee esa flor que es la tarde

Pero el murmullo nada indica

Los barcos han partido hacia sus pájaros

Ya no es tiempo.

 

 

En El ciudadano del olvido prevalecen la resignación y la triseza:

 

 

Qué locura que nos ha hecho nacer

De donde viene esta sustancia de amargura.

 

 

Huidobro también fue autor de teatro (La Luna, 1934) y la novela, con Cagliostro, llamada por él “novela-film” y Sátiro o el poder de las palabras, novela psicológica con destellos del poeta creacionista.

Sobre la compleja personalidad y la difícil a veces obra de Huiaoaro puede transcribirse la sintética opinión de Mireya Camurati en el prólogo a un importante libro consagrado al poeta chileno:

 

 

«Leer hoy a Huidobro es la mejor prueba de sus cualidades de artista de avanzada dado que en sus páginas hallamos a cada paso elementos y técnicas literarias del presente. Así, versos que asociamos con el «glíglico» de Rayuela, de Julio Cortázar, o posibles anticipos de poesía concreta. En esta línea debe recordarse que el poeta chileno vivió en una de las épocas más revolucionarias y audaces en la historia del arte occidental y fue un escritor siempre abierto a formas nuevas de expresión estética. Desde esta perspectiva se comprende que su obra presente múltiples facetas y que para interpretarla sea necesario muchas veces fami­liarizarse con ideas y prácticas que trascienden el campo literario y ar­tístico para penetrar en el filosófico y aun en el científico».

Este gran escritor irradió la luz de la palabra escrita desde Chie al mundo. Leámoslo y encontraremos siempre algo nuevo para disfrutar. Alberto Auné

 

 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: