Carlos Burmeister: un sabio a la antigua

Autores

Alberto Auné

Prusiano de origen, Carlos Germán Conrado Burmeister tuvo una destacada actuación científica tanto en el viejo como en el nuevo Mundo.

Nacido en Sbralsund, en la entonces Prusia, el 15 de enero de 1807, murió muy lejos de su tierra natal, en esa Buenos Aires a la que brindó tantos años de su vida, el 2 de mayo de 1892.

Cursó sus estudios preparatorios en el Gymnasium de Sbralsund, entre los años 1814 y 1825, estudiando posteriormente medicina y ciencias naturales en las universidades de Greiswald y Halle.

En esta última perfeccionó sus conocimientos botánicos bajo la tutela de un maestro como el botánico y médico alemán Curt Polycarp Joachim Sprengel (1766-8133) y se adentró en los terrenos de la zoología junto a Nitzsch y Germar. Obtuvo su titulo de doctor en medicina en 1829, pero no ejerció la profesión para dedicarse de lleno al cultivo de la zoología, la paleontología y la geología.

En Berlín se habilitó como Privatdocent, siendo nombrado en 1837 como profesor de zoología en Halle, donde también dio lecciones de geología.

Sin embargo su vida no transcurrió solamente en las aulas y los gabinetes, sino que los problemas de su tiempo debieron preocuparlo, ya que en 1848 lo encontramos como diputado ante la Asamblea Nacional de su país.

En 1850 realizó su primer viaje a América recorriendo, junto al naturalista dinamarqués Peter W. Lund (1801-1880), los Estados de Rio de Janeiro y Minas Gerais, en Brasil, efectuando estudios sobre la fauna cuaternaria; regresó a Europa en 1852.

Le atrajo el Nuevo Mundo, en el que vislumbró un campo de acción amplio y prácticamente virgen para sus trabajos científicos.

En 1856 se embarcó nuevamente para América del Sur, recorriendo  Uruguay y Argentina hasta Mendoza y regresando por Rosario y Paraná.

Se dirigió después a Tucumán y el norte argentino, remontando la Cordillera de los Andes, en 1859, por el camino de Copiapó, para regresar luego por mar a Panamá, donde se embarcó para Alemania.

En Mendoza permaneció un año estudiando el clima de la región, formando colecciones zoológicas y mineralógicas.

En Paraná efectuó importantes estudios sobre la formación geológica y la fauna.

A su regreso a Alemania retomó la cátedra de zoología en Halle, publicando entonces el resultado de sus laboriosos estudios americanos en Viaje a los Estados del Plata.

Cuando se trasladó nuevamente a la Argentina, en 1861, Burmeister ya era un hombre de ciencia mundialmente reconocido,

Una vez establecido en Buenos Aires, donde ocupó una cátedra, fue nombrado en 1861 por Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), en ese momento ministro del gobernador bonaerense Bartolomé Mitre (1821-1906), director del Museo Público de Buenos Aires,

Este museo, creado por Bernardino Rivadavia, se había convertido en un «gabinete de curiosidades» durante la época en que gobernaba Juan Manuel de Rosas (1793-1877).

Reorganizado en 1854 por Manuel Ricardo Trelles (1821-1893), fundador junto al médico y científico Francisco Jevier Muñiz (1795-1871) de la Asociación de Amigos dé la Historia Natural en el Plata, pudo tener dos años después, en 1856, los primeros catálogos de sus colecciones de mineralogía, zoología, botánica, numismática y bellas artes.

Las colecciones aumentaron debido a algunas felices adquisiciones y donaciones, como ls efectuada por el doctor Muiñis en 1857, consistente en fósiles americanos.

Pero el alejamiento de Trelles de la dirección del Museo, poco tiempo después, llevó a que el mismo quedara nuevamente abandonado.

A partir de 1862 Burmeister trabajó en la organización definitiva del Museo, que bajo su direccion fue orientado para ser transformado como Museo de Ciencias Naturales.

El educador y escritor Manuel Horacio Solari sostuvo sobre este gran científico:

«Durante los treinta años que estuvo al frente del Museo, Burmeister se esforzó por convertirlo en una institución científica. Gracias a sus esfuerzos tomaron incrementos las colecciones: la paleontología reunió piezas valiosas, que se preocupó por describir; la entomológica llegó a comprender un número considerable de ejemplares típicos, y la ornitológica se constituyó con varios ejemplares de la Argentina y los países limítrofes. Inició, además, en 1864, la publicacion de los Anales, en los que publicó numerosos trabajos, efectuando detalladas descripciones de las especies que se encuentran en el Museo».

Recordemos que en 1861 Burmeister se estableció en Buenos Aires. Desde entonces vivió consagrado al servicio de la ciencia y de la República Argentina, publicando una serie de obras con importantes aportes.

Tuvo además aficiones, como la arqueología y el arte, citándose entre sus obras de este tema un extenso estudio sobre La Ilíada, la inmortal epopeya griega escrita por Homero, quien viviera en el siglo VII a.C., autor también de La Odisea, y otro sobre Olimpia, la ciudad griega.

Ocho años después de su muerte, en 1900. fue erigido un momumento en su homenaje, obra del escultor alemán Richard Aigner, en el parque Tres de Febrero, en la ciudad de Buenos Aires.

Esta obra perpetúa su memoria, como lo hacen su obra científica, digna de ser leída para acercarnos a los trabajos de este gran investigador. Alberto Auné

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